Desquiciado

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Las memorias de John Bolton sobre su tiempo en la Casa Blanca de Trump ofrecen una radiografía minuciosa de quien fuera su jefe. Además de la comprobada ignorancia del mandatario, lo que más sobresale es su peligroso carácter, advertencia reforzada por su propia sobrina en otro libro próximo a publicarse. Se trata de un hombre obsesionado con su imagen, que haría cualquier cosa por garantizar su éxito, lo cual explica la volatilidad de sus opiniones, así como la tendencia a sobreponer sus objetivos personales por encima de los intereses nacionales. Para la muestra, la necesidad de mostrarse “fuerte” en las relaciones internacionales mediante el uso regular de amenazas y sanciones ha competido con su ansía de cerrar acuerdos que puede publicitar como éxitos diplomáticos. Así, en casos como Afganistán, Corea del Norte, Cuba, Irán y Venezuela, Trump ha oscilado entre endurecer la posición estadounidense —llegando al punto de avalar el uso de la fuerza— y buscar oportunidades de encuentro con los líderes de estos países no amigos.

Esa inseguridad, típica de las personalidades narcisistas, es la razón por la cual Bolton concluye que la principal amenaza a la política exterior estadounidense es Trump mismo, ya que ha socavado las posiciones de su gobierno, partido y país en pro de su vanidad y agenda individual. Además de los escándalos con Rusia y Ucrania, donde más se observa esto es en la relación con China. Luego de ofrecer intervenir a favor de ZTE y Huawei, apoyar el campo de concentración que apresa a un millón de musulmanes de la etnia uigur y pedirle a Xi Jinping que comprara más soya y trigo para asegurar su reelección, terminó echándole la culpa por la pandemia.

No menos significativo es el consabido desprecio de Trump por el multilateralismo, evidenciado en su matoneo a la OTAN, la Corte Penal Internacional y la OMS, y el retiro estadounidense del Acuerdo de París y el pacto nuclear con Irán, que ha tenido altos costos reputacionales y golpeado la cooperación mundial. La última jugada en ese sentido fue la postulación de Mauricio Claver-Carone a la presidencia del BID, desconociendo lo que ha sido una norma implícita desde su creación. Como lo insinúan cinco expresidentes latinoamericanos, esta inaceptable muestra de garrote puede desestabilizar la institución en un momento crítico para la región.

También dentro de Estados Unidos, el peligro planteado por Trump al estado de derecho ha sido fuente creciente de crítica. Además del duro comunicado de su exsecretario de defensa, James Mattis, y el aval dado a este por su exjefe de gabinete, John Kelly, a raíz de la reacción del mandatario a las protestas, otros 85 oficiales del sector defensa, entre ellos militares, civiles, republicanos y demócratas, denunciaron la tentativa de ordenar el uso de fuerza militar contra la población estadounidense en clara violación de la Constitución.

Si quedara alguna duda sobre el miedoso desquicio del mandatario estadounidense, quien enfrenta la posibilidad (no asegurada) de perder la reelección, solo hay que ver el evento de campaña que realizó en Tulsa. Entre otras joyas, polemizó durante catorce minutos que su caminar inestable en una reciente ceremonia de West Point no era un problema de virilidad o salud, mientras que no dijo palabra alguna sobre la aguda crisis que vive Estados Unidos.

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