De armas tomar

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Terminemos la trilogía de suspenso y terror de los generales del Ejército que han estado involucrados en graves casos de falsos positivos y que, pese a eso, fueron ascendidos recientemente por el gobierno del presidente Iván Duque, ignorando esos terribles hechos.

No podemos hacerlo sin dedicarle un capítulo meritorio al general Miguel Eduardo David Bastidas quien es, nada más ni nada menos, el nuevo jefe del Estado Mayor de Planeación y Políticas.

Empecemos.

El 27 de noviembre de 2017 la Fiscalía 106 especializada contra Violaciones a los Derechos Humanos imputó a David Bastidas por su presunto rol en 32 homicidios, 14 desapariciones forzadas y 10 casos de tortura. No es poca cosa y, para dejarlo claro, un juez le dictó medida de aseguramiento.

Al hoy general lo investigan por hechos sucedidos en el oriente antioqueño entre diciembre de 2003 y noviembre de 2004 cuando se desempeñaba en el cargo de mayor como ejecutivo segundo comandante del Batallón de Artillería No. 4 Jorge Eduardo Sánchez Rodríguez (Bajes).

Estando en ese cargo, su batallón y algunos hombres bajo su mando cometieron delitos que pasaron a imputársele a David Bastidas con el título de coautor por omisión.

Los crímenes por los que se le investiga sucedieron cuando los coroneles Juan Carlos Barrera Jurado y Pedro Antonio Sierra Sáenz se desempeñaban como comandante y oficial de operaciones o S-3, respectivamente. Sus cargos eran en el Bajes en los municipios de Granada, Cocorná, San Luis, San Vicente, El Peñol, Guatapé y San Carlos, todos en el oriente antioqueño, jurisdicción del referido batallón.

Son 22 casos criminales que la Fiscalía documentó de los cuales se resalta, por ejemplo, el Caso 44, sucedido el 16 de julio de 2004, en el que los oficiales reportaron la muerte de un NN a quien acusaron de ser de la guerrilla de las Farc en San Carlos, Antioquia.

Pues bien, según pudo determinar la Fiscalía, “la víctima se pudo identificar como Norbey de Jesús Ceballos Santamaría y la justicia ordinaria logró demostrar que el homicidio no se presentó dentro de una operación militar legal, sino que la víctima fue retenida en su propia casa, amedrentaron a su familia y posteriormente asesinaron a Norbey en frente de ellos”.

Sigamos.

El Caso 45 sucedió el 19 de julio de 2004 cuando hombres del Bajes asesinaron a un hombre “entre 15 y 18 años, según su huella dactilar”. A la víctima la acusaron también de pertenecer a las Farc, pero la justicia determinó posteriormente y sin error que el hecho correspondía a un homicidio en persona protegida.

El Caso 47 del 2 de agosto de 2004 es similar, ya que el batallón reportó dar de baja a un “terrorista del Eln”, pero no sabían su nombre y lo identificaron como NN.

La Fiscalía pudo determinar que se trataba de una ejecución extrajudicial y una operación en la que los soldados cayeron en contradicciones al tratar de explicar por qué en esa operación militar se reportaba un gasto de cuatro granadas, que después dijeron no haber utilizado.

El 4 de septiembre de 2017 David Bastidas tuvo que rendir indagatoria ante la Fiscalía 37 Especializada de Medellín por ese tema. En plena indagatoria y oyendo la evidencia frente a estos hechos y los otros casos, el hoy general David Bastidas dijo: “Esto es una tragedia, pero soy inocente, me declaro inocente de todo esto que acabo de escuchar”. La misma declaración hizo frente a la JEP el 16 de octubre de 2019 cuando pidió ingresar, probablemente queriendo ganar tiempo y frenando el caso que tenía en la justicia ordinaria.

Pero la Fiscalía no compartió eso y concluyó que el oficial pudo evitar esas masacres y los hechos determinados como falsos positivos, acusándolo también de obrar en cooperación y coordinación con integrantes del Bloque Héroes de Granada de las Autodefensas Unidas de Colombia en algunas masacres realizadas por los paramilitares.

En su indagatoria el coronel David Bastidas reconoció que había una presión de la cúpula militar para dar resultados operacionales pero que esas exigencias fueron mal entendidas por la tropa porque se les exigían resultados legales, y da a entender que fueron los subalternos quienes se salieron de control, como si ese control no les correspondiera a ellos, los comandantes.

Terminemos.

Un elemento que llama la atención para la Fiscalía es la falta de control y permisividad en los “supuestos armamentos” decomisados de estos “supuestos guerrilleros” que terminaron siendo simples campesinos o indígenas.

“Ningún cuestionamiento se hizo por parte de la sección de inteligencia o el mayor Miguel Eduardo David Bastidas que intervenido en la entrega del material de guerra incautado, según acta No. 0483 de entrega de material de guerra, donde consta que el arma incautada al presunto subversivo era un fusil AK 47, calibre 7.62, que no tenía baqueta, no tenía culata, lo guardamos roto y estaba corroído”. Es decir, no era un arma funcional.

Lo mismo pasó cuando se suscribió el acta de entrega de material de guerra al juzgado para determinar la culpabilidad de uno de los supuestos guerrilleros asesinados y, según la Fiscalía, “poco o nada le importó que, en vez del revólver presuntamente incautado, entregaran al juzgado un trabuco hechizo doble cañón, calibre 38L”.

De esta manera, el ente investigador concluyó que era sistemático que el general David Bastidas pareciera hacerse el que no conocía de armas para dejar pasar estos montajes.

Ahora bien, David Bastidas ingresó al Ejército en 1987 y estuvo en la Escuela Superior de Guerra. Ascendió al grado de subteniente el 1° de diciembre de 1989, cuando fue destinado al batallón de artillería Tarqui en Sogamoso, Boyacá. Posteriormente salió de teniente a la Escuela de Artillería en Bogotá para desempeñarse como instructor. De la Escuela pasó como oficial de planta de la Escuela de Cadetes en Bogotá en el grado de teniente, luego hace curso de Capitán y sale trasladado para el Batallón de Contraguerrillas No. 2 Guajiros en el Cesar. Después se fue para el comando del Ejército en Bogotá a la Oficina de Servicios Históricos del Ejército, y de ahí pasó al Batallón de Artillería No. 13 en Bogotá y se convirtió en profesor de la Escuela de Armas y servicios en La capital. Una oficial de armas tomar.

Y si hay alguien especialista y experto en armas, según su hoja de vida, es el general David Bastidas. Pese a eso trata de presentar un desconocimiento en el tema y con eso justificar los montajes hechos con armas, que no eran armas, de los guerrilleros que resultaron no ser guerrilleros. Un teatro que costó muchas vidas inocentes y que ahora es premiado por ascensos pese a la evidencia.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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