Por: Hernando Gómez Buendía

De espaldas al incendio

El principal problema de Colombia es Venezuela. Y sin embargo este problema les queda tan grande a nuestros dirigentes que todos ellos prefieren no mirarlo.

En efecto: no hay que ser alarmista para entender que Venezuela va camino de una guerra civil o de una dictadura estilo Cuba (tal vez de ambas).

—Aunque Maduro, la oposición y los países mediadores tengan que insistir en encontrar un acuerdo, las diferencias son sencillamente inconciliables, y el chavismo más tarde o más temprano acabará por “defender la revolución con las armas”. Esta es la guerra civil.

—La “revolución” venezolana no puede volver a la economía de mercado, así que ante la crisis de abastecimiento tendrá que ser cada vez más estatista. Esta será otra Cuba.

La salida que muchos esperan o desean sería un golpe militar contra el chavismo. Pero los militares son los consentidos del régimen (tienen 11 de los 30 ministros), y un conato de golpe dividiría a las fuerzas militares. Otra versión de la guerra civil.

La intervención militar de Estados Unidos es impensable, o implicaría un Vietnam en América Latina…

Así que quedan las opciones de la guerra civil o de otra Cuba.

Las consecuencias para Colombia serán más y más graves: crisis humanitaria y social en las fronteras; migración masiva de venezolanos; exportaciones perdidas; criminalidad binacional rampante; narcorrutas hacia Estados Unidos que revivan los carteles colombianos; apoyo militar al Eln o apoyo financiero al populo-chavismo colombiano; escaramuzas militares… e incluso guerra por el golfo como recurso final de un dictador acorralado (así pasó con Galtieri en Argentina).

Siento decir que estas no son fantasías infundadas, sino eventos casi inevitables, o altamente probables, o cuando menos lo bastante factibles como para que los gobernantes y dirigentes de Colombia estuvieran dedicados a pensar cómo afrontarlos.

Pero en vez de eso hemos tenido tres reacciones inútiles y mezquinas:

—La del “castro-chavismo” como bandera electoral. Esta estrategia del uribismo y de Vargas Lleras seguramente producirá muchos votos, pero de mala fe ignora el detalle de que la amenaza inmediata y real para Colombia no es un gobierno de izquierda, sino el derrumbe total de Venezuela.

—La de los otros candidatos, que no han dicho nada sobre el problema más grave que tenemos, o se limitan a la babosada de un “fondo humanitario”. O —en el caso de Petro— a defender a Maduro… y darles cuerda a los del “castro-chavismo”.

—La de Santos, que (otra vez) pasó de mejor amigo a peor enemigo de Maduro, pero lo hizo para evitar que Uribe lo liquide por “castro-chavista” en el 2018, y no para preservar los intereses superiores de Colombia.

Es muy sencillo: los discursos de Santos no sirven para nada en Venezuela.

Cuando se incendia el principal país vecino, un presidente responsable juega con toda frialdad a las dos cartas y se prepara con toda seriedad para los coletazos. Es lo que hicieron México y Costa Rica con las guerras de Centroamérica, Francia con la España de Eta, Pakistán con Afganistán e incluso Venezuela o Ecuador con las Farc en Colombia.

Pero nuestros dirigentes no agarran ni una.

* Director de la revista digital Razón Pública.

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