6 Nov 2019 - 1:34 p. m.

De Estagira a Campoalegre

Germán Áxel Navas Navas*

El Espectador

Aristóteles, en su inmensa sabiduría, describió al hombre como un zoon politikón, para lo cual, se supone, debió invertir numerosas horas dedicado a hondas cavilaciones, formular un sinnúmero de silogismos, realizar detallados análisis y arribar a sesudas conclusiones. Al elaborar dicho concepto, muy seguramente, pretendió resaltar atributos y características del ser humano que lo hacen, para quienes reniegan de la teoría evolucionista, “el rey de la creación”. No obstante, y con todo respeto, viendo como anda este mundo, fácilmente puede decirse que el pobre Aris, el respeto no duró mucho, perdió su tiempo y muchas de sus neuronas, pues a pesar de sus buenas intenciones, el objeto de sus cavilaciones, el Homo sapiens, viene demostrando, siglo tras siglo, año tras año, mes tras mes… que de evolucionado poco, de racional menos y, en cambio, defectos muchos.

No obstante, y no se olvide que se trata de uno de los grandes genios de la humanidad, de pronto Aristóteles no se equivocó en sus análisis, ¡qué atrevimiento!, sino que sencillamente analizando al hombre de esa época y previendo que iba a empeorar, tal y como lo señala una de las leyes de Murphy, lo definió conforme a lo que observó y pronosticó. Para sostener esta tesis y defender al filósofo, ¡sigue la osadía!, baste aplicar la norma del Código Civil, artículo 28, según el cual las palabras deben entenderse atendiendo a su sentido natural y obvio, y conforme al uso general. Por lo tanto, dando cumplimiento al mandato legal, los términos que integran la expresión del magnífico pensador: animal político, en la mente e ideario de un humano promedio, y más si se trata de un colombiano, no significan cosa distinta a: bestia tramposa. A esta conjetura se llega de una forma muy sencilla, nada que ver con lo que se estudiaba en el “liceo”, pues para cualquier compatriota, animal es sinónimo de ignorante, bruto, torpe, zopenco; o sea, bestia. Y político… ¡ah tristeza!, es una palabra que al escucharla suele traer a la mente otras como indagatoria, trampa, mentira, corrupción, cárcel, fuga, fraude, condena, en fin… Vistas así las cosas, si el sabio no hubiera nacido en la Antigua Grecia y no se le conociera como el Estagirita, sino, por decir algo, hubiera visto la luz en el Huila, por lo que se habría hecho popular como el Campoalegruno y, además, hubiera contratado para su defensa a uno de esos abogados de ahora que litigan por Twitter, necesariamente tendría que haber sido exonerado de cualquier responsabilidad, pues él, lejos de querer engañar, lo único que hizo fue resumir lo que veía.

Y siguiendo con las suposiciones, si el opita hubiera tenido alumnos, el más destacado habría sido “Alejo el Grandotoooooooooote”.

* Magistrado auxiliar del Consejo Superior de la Judicatura.

Temas relacionados

Normas del derecho
Comparte: