Por: Cartas de los lectores

De Herbin Hoyos sobre una columna

No es Cecilia Orozco (El Espectador, “La manipulación política de las víctimas”, marzo 21, 2019), precisamente, la persona que tiene la potestad de decir quién es o no periodista en Colombia. Le guste o no, yo soy periodista —no sé si más o menos que ella—. Lo que sí puedo afirmar es que tengo la suficiente autoridad para pararme como periodista en cualquier escenario.

Es un oficio que he ejercido desde mi juventud y con el que, lamento tener que decirlo en primera persona, he recorrido miles de kilómetros más que la mayoría de mis colegas de nuestro país y de fuera de él (Irak, Bosnia, Sarajevo, Belgrado, Ruanda, Palestina, Sierra Leona, Chechenia, Afganistán, Siria, Libia, etcétera).

He cubierto el conflicto desde el terreno, con las botas puestas, como lo han hecho otros respetables colegas, y no desde un cómodo escritorio lanzando cuartillas cargadas de sesgo o emitiendo órdenes a subalternos.

Los más de 80 premios nacionales e internacionales que he tenido el honor de recibir por el periodismo de trinchera y por los derechos humanos avalan muchísimo más mi trabajo que la ponzoñosa columna de Orozco. Pero sobre todo lo avalan quienes, desde mi posición informativa como periodista del lado de las víctimas —no de los victimarios—, han sido el motivo y la razón de buena parte de mi vida desde que fui secuestrado. Mi razón de defensa: las víctimas. Mi ubicación: del lado de las víctimas.

Terrible que Orozco, que posa de demócrata y defensora de la libertad de expresión, se ponga en la misma orilla de los que han intentado silenciarme. Asume la misma dialéctica, injuriosa y calumniosa, de los criminales de lesa humanidad que le siguen causando dolor a Colombia. Esos que no me perdonan haberles desenmascarado su régimen de terror, narcotráfico, dolor y muerte con miles de secuestrados —muchos de ellos desaparecidos—. Esos que no me perdonarán, seguramente jamás, haberles puesto rostro a las lágrimas de las víctimas desde los micrófonos de Caracol Radio.

Créame, señora Orozco: no necesito su aprobación para ser periodista.

Me basta serlo para los más de 24.000 secuestrados y sus familias que pasaron por el programa Las Voces del Secuestro en 24 años de existencia. Prefiero el aval de esos miles de secuestrados y de los colombianos a los que los guerrilleros les destrozaron la vida. Ellos, de diversas maneras, me expresan a diario su gratitud. Ellos sí merecen mi total aprecio, admiración y respeto. Las “señoras” de Rosa Blanca, como las llama despectivamente y a quienes seguiré defendiendo, tienen todo el derecho de exponer sus denuncias, aquí y afuera, para que el país y el mundo conozcan el alcance de su dolor. Y lo mejor es que no necesitan su permiso.

No espero que rectifique nada. Sé que eso nunca estará a su altura, no es de su talante ni figura en su “código de ética” porque se cree infalible, venerable “Catón” de la moral, y no va a admitir su error. Digo error como si hubiese sido sin culpa, pero este es un ataque premeditado, planeado y obedece a una línea ideológica. Sólo dejo la constancia de que no lo hará, mientras yo sigo con mi causa hasta que haya justicia para los grandes criminales.

Herbin Hoyos Medina. Periodista.

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2019-03-25T00:00:30-05:00

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