Por: Julio Carrizosa Umaña

De la simplificación al ecocidio

Como dice Morin, vivimos en el paradigma de la simplificación; y en los ecosistemas colombianos, uno de los conjuntos más complejos del planeta, simplificar tiene consecuencias trágicas, de las cuales tenemos en estos días varios ejemplos.

La simplificación cometida al escoger el sitio de la presa de Ituango sin contar con estudios detallados de la geología de los cerros en donde se apoyaría el dique y se construirían los túneles ya concluyó en la muerte de cientos de miles de peces y podría conducir a un problema ambiental gigantesco. Ojalá no sea así.

Las simplificaciones crónicas que comenten los comandantes de los grupos guerrilleros seguidores de Lenin, Castro y Mao, que todavía estudian los manuales en donde se reduce la política a fusiles y bombas, ya han causado innumerables ecocidios en los ecosistemas colombianos y ahora amenazan al Golfo de Venezuela.

La guerra mundial contra la cocaína, iniciada hace decenas de años por Nixon para poder atacar a los negros y los hippies que se oponían a la guerra de Vietnam, fue una simplificación semejante a la castrista: tratar de resolver un problema ignorando su complejidad. En Colombia, el narcotráfico internacional, producto principal de esta decisión nixoniana, ya destruyó ecosistemas enteros.

Concentrarse en aumentar los ingresos personales desdeñando cualquier “externalidad” producida por su empresa es también una simplificación y la cometen gentes como los productores agropecuarios que se roban el agua, como ocurre hoy en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Las consecuencias son fatales para miles de peces en la Ciénaga Grande.

Quienes promueven el fracking como única solución a los problemas fiscales y de balanza internacional simplifican también la realidad y forman parte de todos los que no quieren aceptar las consecuencias trágicas del calentamiento global y de la contaminación del aire, debilitando así las posibilidades de construcción de otras soluciones.

Las administraciones locales que continúan promoviendo o aprobando la urbanización de buenos suelos rurales olvidan que estos suelos son parte de microecosistemas únicos en el planeta, por su alta capacidad de producir alimentos sin necesidad de grandes inversiones. Sus acciones pueden conducir no solo a la pérdida de lo que la Constitución llama el patrimonio ecológico, sino al aumento de la desnutrición en sus localidades.

Es así como Adam Smith y Karl Marx nos conducen al ecocidio.

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