De la teoría crítica a la teoría de la conspiración

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Como en las sociedades contemporáneas todo se dirime con un poco de osadía y mucha performance, los negacionistas de la pandemia y de la COVID-19 no podían ser menos y quedarse encerrados, compartiendo entre ellos sus revelaciones y sus datos —alternativos, claro, pero mucho más fiables que los oficiales—, y han decidido salir a la calle a hacerse ver, a crear barullo, escándalo y, obvio, titulares. Con un famoso a la cabeza, Miguel Bosé, se han convertido en la resistencia a las versiones oficiales promovidas quién sabe por qué intereses oscuros. Su mira apunta a Bill Gates y al dichoso chip con el que buscaría controlarnos, y a esto se suma la tecnología 5G, la desconfianza en las vacunas y un compendio de ideas exóticas y acientíficas que dan a entender que todo es mentira, que detrás de la cuarentena y de las mascarillas sólo hay una conspiración de los gobiernos para controlarlos.

“Exótico”, dije arriba, pero el problema es que esta manifestación negacionista es cualquier cosa menos extraña. Más bien lo contrario, es completamente lógica y coherente con los tiempos que vivimos. Me lo hizo ver Alberto Olmos, un columnista imperdible que publica en El Confidencial de España, que nos recuerda en su última columna que llevamos muchos años empeñados en ser posmodernos, y que la condición primera para obtener el título es deshacernos de la idea de verdad y, agregaría yo, de una realidad que existe más allá del relato que contemos sobre ella.

 

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