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De nuevo la pesadilla

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Mario Morales
13 de agosto de 2008 - 01:52 a. m.
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FUE EN JUNIO CUANDO EMPEZAMOS a dormir mal. El anuncio del Instituto de Medicina Legal de que después de seis años con tendencia a la baja, los homicidios habían repuntado en 2007 con respecto al año anterior, nos dejó de una sola pieza.

Al principio ayudó la valeriana; pero cuando se apareció la ONU diciendo que los cultivos ilícitos se habían crecido en un 27%, ni siquiera la sintonía del Canal del Congreso nos permitió pegar los ojos.

Y ya en este último mes hemos perdido definitivamente los sueños con las noticias de que en Bogotá son más de diez los atentados terroristas recientes, que hay un homicidio ejecutado por un sicario día de por medio, incluso dentro de los CAI como pasó en Bosa; que en Medellín los asesinatos se incrementaron un 14%; que en el Urabá la guerra entre narcotraficantes está dejando un río de sangre; que en Montería y en Cali las calles están, como alguna vez dijo o cantó Rubén Blades, tan calientes que uno no se puede ni parar.

Tiene razón la Cámara de Representantes en despertar al alcalde Samuel Moreno y citarlo para que explique por qué los delincuentes están haciendo de esta ciudad una pesadilla. No debería ser el único en rendir cuentas, como lo saben los habitantes del resto del país que hoy se desvelan esperando que la seguridad democrática no se quede saltando matones en la selva.

Pero por alguien se empieza. Eso sí, que por favor el debate no se quede en averiguar por qué hay diferencias entre las cifras de Medicina Legal, las de la Policía, las de la Fiscalía, el DANE y las de las veedurías y observatorios ciudadanos. Menos mal hay varias fuentes de información y los resultados son saludablemente distintos. De lo contrario, y como sucede en otras esferas de la vida nacional, ni cuenta nos daríamos y estaríamos dormidos sobre los laureles.

Ah y otra cosita, que por favor no nos digan, como ya ha sucedido, que el incremento en esas muertes se debe a la alta tasa de suicidios. Tan grave que un ser humano le quite la vida a otro, es que esta sociedad no les ofrezca a sus ciudadanos una alternativa distinta que el sueño de los justos, incluso por vía de su propia mano.

Con razón el auge de la seguridad privada. Debe ser el miedo a la peste del insomnio que, como en Cien años de soledad,  es el primer paso para la pérdida de la memoria. ¿O es el último? Ya no me acuerdo.

www.mariomorales.info

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