Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Deforestación, ¿hay alternativa?

Mientras en los países de alto ingreso per cápita se valoran los bosques y se invierte en su recuperación —dada su comprobada importancia para la regulación climática y el ciclo del agua—, en Colombia seguimos pensando que para poder desarrollarnos debemos seguir tumbando monte. Más del 50 % del país es bosque, en su mayoría Bosque Húmedo Tropical (BHT), y para hacer rentables esos espacios estamos optando por destruirlo. Lo predominante es deforestar y transformar el BHT en pasturas homogéneas para ganadería extensiva. Sinchi (Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas) nos demuestra que hay mejores alternativas.

El Sinchi tiene probados modelos agroambientales donde combinar conservación y aprovechamiento del BHT son la alternativa para el desarrollo rural sustentable en el contexto del posconflicto. Estos sistemas se pueden observar en la Estación de Investigaciones de El Trueno, y diversos proyectos en Caquetá, Meta y Guaviare, que dados sus positivos resultados, son modelos que se pueden y deben promover a mayor escala. En finca se combinan arreglos agroforestales, cultivos agrícolas y cosecha de productos del bosque. Hay cerca de 20 arreglos agroforestales, con y sin ganadería, con probada sostenibilidad ambiental y económica.

El aspecto crítico para hacerlos viables socioculturalmente es que sean apropiados y liderados por los campesinos, quienes, como productores agropecuarios, desde sus predios pueden adelantar procesos de conservación, sin convertirse exclusivamente en guardabosques y conservando su carácter de productores de alimentos. Conservar o recuperar con revegetalización parte del predio productivo genera sostenibilidad a la producción agropecuaria y cumple con la función ecológica de la propiedad privada. Algunos referentes de estas prácticas se encuentran en reservas naturales de la sociedad civil, que combinan producción sostenible y conservación.

Los sistemas desarrollados por Sinchi asocian productos maderables de alto valor con frutos silvestres —araza, copoazú, coconá, carambolo, chontaduro, borojó, pomaroso y ají, entre otros—, materiales de construcción, biocombustibles, cacao, caucho, plantas ornamentales y medicinales, oportunidades de eco y agroturismo, pesca deportiva y avistamiento de aves. Esta combinación de actividades se puede reforzar con ingresos temporales asociados al pago por servicios ambientales, que puede significar un flujo de caja de gran importancia para el campesino que inicia una etapa de ajuste en la planificación y manejo de su predio.

Conservar el bosque permite la protección de opciones futuras de desarrollo, apoya la diversidad cultura, y cuida la biodiversidad que aún desconocemos y que a futuro podremos disfrutar y aprovechar. Cada día el bosque natural es más escaso y, por ello, cada día toma mayor valor económico y social.

Una propuesta concreta a la cooperación internacional para la paz es aprovechar lo que hoy ofrece Sinchi, gestionando y garantizando, en los países cooperantes, mercados certificados para los productos provenientes de los sistemas productivos amigables con la biodiversidad y la conservación del BHT en los espacios de construcción de paz. Esto incluye apoyar inicialmente al productor con asistencia técnica, financiación reembolsable, fortalecimiento organizacional y desarrollo empresarial, apoyo para el desarrollo de cadenas de valor y acuerdos de pago por servicios ambientales.

Aprovechemos y divulguemos las experiencias exitosas de conservación y producción sostenible para buscar juntos alternativas a la deforestación y caminar por la senda de la sostenibilidad en los espacios de construcción de paz.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Frenar la deforestación: reto nacional

Ambiente: lo que queda y lo que viene

Gestión ambiental y futuro inmediato