Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Deforestando en la década de la restauración

El pasado 1º de marzo, en Nueva York, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el período 2021-2030 como la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas. Esta importante declaración llega en el momento justo en el cual se debate en el Congreso de la República el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 (PND), que contiene una vergonzosa meta de deforestación.

Mientras el mundo hace esta declaración —cuyo objeto es incrementar a gran escala la restauración de los ecosistemas degradados y destruidos, como medida de probada eficacia para luchar contra el cambio climático y para mejorar la seguridad alimentaria, conservar la biodiversidad y asegurar el suministro de agua—, nosotros, como país, recibimos una propuesta de PND que significa que durante el período 2018-2022 destruyamos cerca de 900.000 hectáreas de bosque natural.

El país tiene que construir un pacto de Estado para evitar la pérdida de nuestros ecosistemas naturales y el Congreso debe revisar y modificar la meta de deforestación. La responsabilidad es de todos los colombianos, no solo de la autoridad ambiental. Al destruir nuestros bosques también estamos destruyendo nuestras fuentes hídricas, acabando con nuestros ecosistemas terrestres y acuáticos, y destruyendo los valiosos aportes de los servicios ecosistémicos, claves para la supervivencia y la calidad de vida de todos los colombianos.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), “la degradación de los ecosistemas terrestres y marinos socava el bienestar de 3.200 millones de personas y tiene un costo cercano al 10 % del PIB mundial anual en pérdida de especies y servicios ecosistémicos. Existen ecosistemas claves que desaparecen rápidamente y que prestan numerosos servicios esenciales para la alimentación y la agricultura, incluyendo el abastecimiento de agua dulce, la protección contra los riesgos naturales y la provisión de hábitat para especies como peces y polinizadores”. En Colombia, como en el resto del mundo, no debemos ni necesitamos destruir bosque para producir más comida. Por el contrario, tenemos que proteger el que aún tenemos y restaurar zonas críticas que hemos destruido.

Joyce Msuya, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, al referirse a la declaración, dice: “La degradación de nuestros ecosistemas ha tenido un impacto devastador tanto en las personas como en el medio ambiente. Estamos entusiasmados con el hecho de que el impulso para restaurar nuestro entorno natural ha ido ganando ritmo, porque la naturaleza es nuestra mejor opción para abordar el cambio climático y garantizar el futuro”.

Este llamado de Naciones Unidas tiene que calar en nuestros legisladores y en nuestro Gobierno. Colombia aún tiene grandes extensiones que no hemos destruido y donde es mucho más barato y rentable evitar la deforestación que tener que iniciar, en pocos años, la tarea de restaurar esas mismas áreas.

El mundo está valorando la importancia de los bosques y por ello es claro que la restauración de los ecosistemas es fundamental para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Es clave que no destruyamos. Debemos restaurar. La deforestación debe ser cero y el área en bosque debe aumentar. Esta debe ser nuestra meta como Estado. Por ello, debemos revisar el PND. Seamos estratégicos, conservemos nuestros ecosistemas naturales y sus servicios asociados, evitemos la deforestación y la pobreza que trae.

844569

2019-03-12T16:36:03-05:00

column

2019-03-18T18:34:02-05:00

jrincon_1275

none

Deforestando en la década de la restauración

46

3630

3676

1

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Crisis global y cambio climático

Interpretando al Consejo de Estado

Amazonia, autonomía y conservación