Por: Alejandro Reyes Posada

Del feudalismo a la sociedad del conocimiento

La opinión bien informada es esencial para la democracia, pero, como bien dijo Nicolás Gómez Dávila, “el universo es un diccionario inútil para quien no aporta su propia sintaxis”. Por eso es tan crucial definir el acuerdo de la sociedad sobre las grandes orientaciones culturales que mueven la acción colectiva, que dan forma a su futuro en un proceso de autocreación de la sociedad. Sobre ese telón de fondo se pueden valorar las propuestas políticas que compiten por el poder en las próximas elecciones y su diferencia en los resultados que se pueden esperar de los ganadores.

En esencia, esas orientaciones son la ética o concepción del sujeto, la episteme o modelo de conocimiento, y el modelo económico o de inversión, que reparte cargas y beneficios. Cada una de ellas es un campo de batalla en que buscan prevalecer unas concepciones sobre otras y en que los candidatos se diferencian claramente, lo que permite compararlos.

Los conflictos éticos atraviesan los grandes problemas de nuestra sociedad. A una ética señorial excluyente típica de las clases altas, que dominaba la sociedad a expensas de los pobres urbanos, los campesinos y las minorías étnicas, irrumpió la ética del enriquecimiento tramposo del narcotráfico, que subordina cualquier medio al éxito económico y se transforma en vehículo de realización y ascenso social con gran poder de arrastre. El reto ético que plantea el narcotráfico a la sociedad es que la obliga a superar la trampa de deshonestidad generalizada en que han caído las actividades de la economía legal, que se sintetiza como el programa para legalizar al país. Una ética clasista y racista de los dirigentes explica mucho de la exclusión y el abandono de grandes sectores de la población, a quienes no se reconoce la titularidad de sus derechos ni su capacidad de forjar soluciones creativas y eficaces para hacerlos realidad.

El modelo de conocimiento o episteme está en plena evolución acelerada por la revolución informática, que pone al alcance de la sociedad herramientas muy poderosas para usar la ciencia y la tecnología, el emprendimiento y la cultura para resolver los problemas sociales y generar una nueva economía intensiva en conocimiento. Por eso la gran diferencia para las sociedades del futuro es la inversión en educación a todos los niveles, que forjará la independencia económica y la soberanía. Ninguna sociedad puede dar el salto hacia la modernidad sin haber hecho una revolución educativa y científica.

El modelo de inversión resume todo lo anterior. Una sociedad feudal invertía en tierras y ganados la riqueza colectiva, asegurando que los dueños vivieran de la renta creada por los demás; la sociedad industrial concentró la inversión en los medios de producción y encontró su decadencia en el régimen de los monopolios, que concentran el ingreso al generar rentas cautivas de mercados protegidos y desestimulan la innovación y la competencia; la sociedad del conocimiento genera su propio modelo de inversión y el capital financia la educación, la innovación y la competencia abierta a las corrientes universales donde se perfila el mundo del futuro, respetuoso de la naturaleza y enemigo del despilfarro y el consumismo individual.

El Centro Democrático se acerca más al modelo excluyente del rentismo feudal, Vargas Lleras encarna el liberalismo rentista de los monopolios empresariales y Sergio Fajardo se aproxima al modelo de la sociedad del conocimiento, que nos puede ayudar a superar la trampa de corrupción en que se está hundiendo Colombia.

 

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