Democracia “retrechera”

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De manera recurrente, en nuestro país y en el mundo, se oyen voces de “aves de mal agüero” que lanzan al desgaire frases del estilo de “la democracia está debilitada” para luego, sin ningún tipo de análisis profundo, concluir que este sistema político se encuentra en fase terminal. Aducen que los ejemplos cunden y citan a Trump, Maduro, Putin, Duterte, Ortega, Erdogan, entre otros, para sustentar que la, según ellos, flaca fuerza del pueblo en esos países son la razón para determinar que no hay vuelta atrás y que en el siglo XXI estamos condenados a otro virus: el de los autócratas.

Los referentes de comienzos del siglo pasado, es decir el fascismo, nazismo y comunismo, con sus respectivos “jefes supremos”, permiten elaborar de forma simplista que la historia se volverá a repetir, y por tanto, la salida a esta enfurecida masa de nuevos retos que nos ofrece la actualidad nos va a conducir inexorablemente a recoger de nuevo los trastes de esas envenenadas recetas que provocaron la Gran Guerra. ¡Ni más faltaba!

Las bases de lo ocurrido con esos repudiables eventos que dejaron una sociedad fragmentada entre tres mundos, el occidental, oriental y nosotros los países en desarrollo, fueron las concepciones in extremis de nacionalismos que engendraron empaquetados patrioterismos como una fórmula de defensa contra todo lo externo. Esa xenofobia sirvió como vehículo retórico en medio de una crisis económica y social inédita. La contención democrática, es decir el simple voto, no fue suficiente para detener la avalancha de desorbitados ejércitos de seguidores que buscaban saciar sus frustraciones en los paraísos que ofrecían las palabras de Mussolini, Hitler o Lenin. Hoy el simple voto como medio para detener la demagogia circulante en el mundo que nos tocó vivir, seguro que tampoco serviría como contención.

Afortunadamente las múltiples crisis que la humanidad ha vivido desde esos funestos hechos, elevaron las defensas del cuerpo democrático mundial hasta ampliar el poder del voto a reclamaciones como fortalecer la división de poderes, la carta de derechos, el multilateralismo, las ONGs, los medios de comunicación, tribunales de defensa de Derechos Humanos, Corte Penal, respeto a las minorías, globalización de problemas pero también la solidaridad inmediata de soluciones, fortalecimiento de la academia y la ciencia. En fin, votar es conclusión e inicio de un sistema con vocación de denunciar, criticar y controlar sus propios desafueros.

Que Donald Trump quiera perpetuarse de forma ilegal en la Casa Blanca es tan solo eso, un deseo, que no se convertirá en realidad gracias a las leyes que los estadounidenses, en democracia, han logrado establecer para protegerse de este tipo de líderes. Que Álvaro Uribe hubiera pretendido, con un nuevo “articulito”, extender su arraigado sentimiento de ser el “centro democrático” de Colombia no se cristalizó por la oportuna actuación de una institución independiente como la Corte Constitucional, concebida por nuestra democracia, impidiendo tamaño exabrupto. Que la lucha contra el Covid-19 se haya convertido en la primera epidemia atacada “en vivo y en directo” en virtud de la acción científica de especialistas bajo la coordinación multilateral, logro democrático, para evitar más muertes de las que desafortunadamente ya ocurrieron, aparte de encontrar una vacuna en medio de la propia crisis sanitaria.

Para no hablar de las denuncias de corrupción o las guerras innecesarias que son evidenciadas y resueltas en democracia. La disminución de la pobreza mundial, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, retos planteados por la ONU, originaria consecuencia democrática de las amenazas de los intolerantes antes descritos, serán la bisagra para poder mantener viva, no solo la democracia, sino a los que depositamos los votos en esta “retrechera”, pero imperecedera democracia.

@pedroviverost

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