Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Democracias al borde de un ataque de nervios

El mundo angloparlante está en llamas. El presidente estadounidense Trump pidió, en una conversación ahora pública con su homólogo ucraniano, que este investigara por cargos de corrupción a Joe Biden, su posible competidor en las próximas elecciones. De lo contrario, Estados Unidos no le giraría su “ayuda” a Ucrania. Mientras tanto, en Reino Unido la Corte Suprema de Justicia declaró ilegal la suspensión de sesiones parlamentarias que había obtenido por medio de sus habituales trucos el primer ministro, Boris Johnson. La sesión de reanudación fue tormentosa, con acerbas acusaciones cruzadas entre gobierno y oposición.

Solamente en Reino Unido se puede hablar de polarización sin reservas: los conservadores fueron radicalizándose hasta escoger a un personaje que, como Johnson, es inestable y peligroso (aunque muy, muy diferente a Trump). Mientras tanto, el Partido Laborista se decantó por el liderazgo más de izquierda que ha tenido en décadas. La situación en Estados Unidos es un poco distinta. Por una parte, el Partido Demócrata ha presenciado el desarrollo de una izquierda programática definida, que encarna en figuras como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, pero que va mucho más allá y se expresa tanto en su renovación en el Congreso como en distintas redes y formas de activismo social. Por otra, los centristas siguen teniendo aún la voz cantante en el partido. El candidato que encabeza todas las encuestas —tanto para ganar la nominación como para derrotar a Trump en las próximas elecciones— es Biden. Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, había resistido hasta esta semana las presiones para impulsar un proceso para remover a Trump de su cargo.

Pero después de Ucrania-gate, anunció que le daría luz verde, por considerar que Trump había pasado la raya, poniendo sus intereses personales por encima de los intereses de su país. Y sí: lo de Trump es inaudito, así como lo es lo de Johnson. En ambos casos, la oposición clama que se enfrenta a eventos insólitos, que hace apenas una década hubieran sido inimaginables. En lo que de nuevo tiene la razón. Pero, al mismo tiempo, en ambos escenarios se enfrenta a grandes dificultades para encontrar los instrumentos políticos y jurídicos que le permitan enfrentar tales comportamientos.

Estos bloqueos y tensiones brutales tienen muchas causas, próximas y remotas, pero creo que una de ellas es muy importante: la democracia es en buena medida convencional (y de hecho por razones históricas, mucho más en Reino Unido y Estados Unidos). Por desgracia, ni siquiera sabemos bien cómo agarrar el problema. Los politólogos de todo el mundo nos pasamos décadas hablando de los diseños institucionales y de su importancia, en lo que teníamos razón, pero omitimos completamente la importancia crucial de las convenciones, es decir, de los acuerdos a menudo implícitos entre las élites políticas acerca de lo que se puede o no hacer y de cómo proceder en situaciones críticas. Durante largo tiempo hubo en muchos países —incluyendo a los dos de los que me he ocupado aquí— convenciones relativamente fuertes compartidas por el conjunto de las élites políticas. Sin embargo, no había ninguna norma escrita ni ningún procedimiento claramente establecido que permitiera identificar, o combatir, un comportamiento indecente. Seguramente no sea posible hallar ese procedimiento, lo que constituye una obvia fuente de vulnerabilidad de la democracia. Por ejemplo, la demagogia antiparlamentaria sobre la que Johnson ha construido buena parte de su carrera es instrumental y mezquina, “incorrecta”, pero a falta de convenciones que los políticos prácticos se sientan obligados a cumplir por una razón u otra, perfectamente puede proliferar. O vean lo de Trump: como no parece haber un conjunto estandarizado de pasos para llevar a cabo un impeachment, y como este es un proceso en esencia político en una situación en la que los republicanos controlan el Senado, es posible que incluso el Ucrania-gate termine siendo un parto de los montes.

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2019-09-27T00:00:42-05:00

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2019-09-27T00:15:02-05:00

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