Por: César Ferrari

Derecha o izquierda, el falso dilema latinoamericano

Probablemente la más recurrente discusión latinoamericana durante los últimos 30 años es si el régimen político-económico debe ser de derecha o izquierda, mejor dicho, si en términos económicos debe privilegiar la eficiencia frente a la equidad.

Ninguna de las experiencias actuales puede mostrar un resultado contundente que dirima claramente en favor de uno o del otro. Venezuela y Chile, por ejemplo, supuestamente de izquierda y derecha, respectivamente, a la luz de los últimos acontecimientos, no parecen ser ejemplo para nadie.

Venezuela muestra un manejo económico tan malo e ineficiente que ha provocado un éxodo de varios millones de sus ciudadanos. En Chile, su supuesta eficiencia económica, que ha reducido la pobreza en una cantidad significativa de ciudadanos, ha escondido durante muchos años una inequidad económica tan grave que ha acabado provocando un estallido social de una magnitud gigante.

Desde la Revolución Francesa de 1789, las sociedades occidentales han asumido como sus valores fundamentales el grito de los revolucionarios franceses: libertad, igualdad y fraternidad: libertad por encima de monarcas absolutistas de entonces, o presidentes eternos omnipotentes u omnisapientes en su versión contemporánea; igualdad ante la ley, o más modernamente igualdad en términos de oportunidades y de la posibilidad de alcanzar ingresos similares; fraternidad, antes o después, para solidarizarse con sus prójimos y no tan prójimos.

De tal manera, si esas son las aspiraciones sociales, escoger entre eficiencia y equidad es un falso dilema. No hay ninguna razón para privilegiar la primera frente a la segunda. Los venezolanos olvidaron la eficiencia y los chilenos la equidad, ambos de manera grave. La política económica debe construir la economía para el bienestar de las personas, no de pocas, y ello implica hacerlo con eficiencia y con equidad. Para ello debe lograr un crecimiento elevado con tasas de inflación reducidas, es verdad, pero también, que sea inclusivo, sostenido y sostenible.

En la América Latina actual eso pasa por superar las reducidas tasas de ahorro e inversión que experimenta, del orden de 20% del PIB, para lograr tasas asiáticas del orden de 50% del PIB. Ello implica hacer muy competitivas a sus empresas, es decir hacerlas muy rentables, y simultáneamente, a partir de la estructura tributaria, desincentivar que esas mayores utilidades, la fuente principal de ahorro de la economía, se distribuyan mayoritariamente en dividendos; antes bien, incentivar su retención por las empresas para invertirlas. Ello exige, como tercer componente, que la carga principal de los impuestos no recaiga en las empresas sino en sus dueños, como ocurre en el mundo desarrollado.

Implica también superar algunas de las instituciones establecidas durante las últimas décadas. Por ejemplo, en América Latina, siguiendo el ejemplo chileno, se institucionalizó que las pensiones de las personas jubiladas se financien a partir de sus ahorros logrados durante su vida laboral. Con ello se olvidó que el sostenimiento de la vejez fue históricamente una cuestión de solidaridad y de retribución de los jóvenes hacia sus mayores, sea en forma privada familiar o estatal; en este último caso, cuando los jóvenes que ingresan al sistema pensional acaban financiando las pensiones de sus mayores, o a través de esquemas estatales como el establecido por la ley de pensiones del canciller alemán Otto von Bismark en 1889.

Resulta que en el caso del sistema de pensiones basado en el ahorro individual, por múltiples razones, que van desde las comisiones elevadas cobradas por las empresas intermediarias de ese ahorro individual, a insuficiencias en la acumulación del ahorro individual, la mayor parte de los pensionados bajo este sistema acaban con pensiones que convierten a una persona de clase media en pobre de la noche a la mañana: “Una comisión designada por la presidenta Michelle Bachelet en 2014 para examinar el sistema de pensiones (chileno) y proponer reformas halló que la pensión mediana de las AFP era equivalente al 34 por ciento del último salario promedio de un jubilado… cuando se analizaron las proyecciones para los siguientes 10 a 20 años, la comisión encontró que… la pensión mediana será equivalente al 15 por ciento de los últimos salarios”. Cuando se estableció el sistema, se aseguró que la pensión sería equivalente al ¡75% del último salario!

Hay muchas razones por las cuales la búsqueda exclusiva de la eficiencia económica acaba convirtiéndose en el abandono de la equidad. Ello tiene que ver con la existencia de imperfecciones o fallas en los mercados y su regulación inadecuada. Por ejemplo, la búsqueda de eficiencia en la producción puede eliminar a los productores de menor productividad y así generar un monopolio o pocos productores que se cartelizan, resultando en una ineficiencia en el consumo que implica costos excesivos para los consumidores y ganancias indebidas (rentas de no competencia) para los productores y, por lo tanto, concentración en el ingreso. Se supone que una regulación adecuada debería evitar esa situación, pero no se da porque el poder económico que estos últimos productores acumulan se traduce en poder político que les permite controlar la regulación en su provecho.

Por su parte, cuando se trata de bienes y servicios públicos, casi siempre ofertados por monopolios naturales, se supone que la regulación debería controlar sus precios para evitar abusos en perjuicio de los consumidores. Pero como el regulador no conoce a cabalidad los costos de producción que el productor le proporciona, acaba imponiendo un precio que resulta abusivo para los consumidores. Mejor dicho, lo sensato sería que esos bienes y servicios públicos sean ofrecidos estatalmente. Lo que conduce a resolver el problema de gobernanza de las organizaciones públicas respectivas para evitar que estas acaben funcionando ineficientemente.

Mejor dicho, la solución al problema del subdesarrollo no está en la izquierda, tampoco en la derecha. Como diría Aristóteles o Santo Tomás habría que buscarlo en el justo medio; con una política económica que logre eficiencia y equidad.

* Profesor titular, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.

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