Por: Columnista invitado EE

Desempleo y problemas estructurales de la economía

Por Jaime Tenjo G.*

El último boletín del DANE muestra que la tasa de desempleo continúa subiendo. La tasa de mayo de 2019 fue de 10,5 %, cuando la del año anterior (mismo mes) fue de 9,7 %. La tasa de participación laboral, que se considera una medida de la oferta de trabajadores, también bajó (de 64,1 % en 2018 a 63,1 %) y se destruyeron aproximadamente 287.000 empleos en el año. Con estos indicadores es difícil defender la posición de que es la migración la que está generando el problema de desempleo.

El problema del desempleo radica en el funcionamiento de la demanda por trabajo, es decir, en la capacidad de la economía de generar empleo. Un cálculo rápido del autor sugiere que entre 2005 y 2015 se generaban en promedio casi 500.000 puestos de trabajo anuales. Para el período 2015-2018, esta cifra cayó a menos de 150.000.

Hay una serie de factores que nos dan alguna guía sobre lo que puede estar pasando: después de 2014 (coincidiendo con el choque causado por la caída de los precios del petróleo), el crecimiento de la economía se desaceleró de manera importante, lo cual conlleva una disminución de la demanda por trabajo, pero también se desaceleró de manera notable el crecimiento de la productividad laboral. Esto se ilustra en el cuadro adjunto.

Como se puede ver, entre 2005 y 2015 el producto interno bruto (PIB) creció a una tasa promedio anual de 4,6 %, pero ésta cayó a 2 % (menos de la mitad) después del 2015. En algunos sectores, como la construcción, el transporte y, desde luego, la minería, esta caída fue especialmente seria. La minería no es un sector importante en la generación de empleo, pero la construcción sí.

Lo más preocupante, sin embargo, es la gran desaceleración en el crecimiento de la productividad laboral. Según el cuadro, ésta venía creciendo a una tasa de 1,9 % anual hasta 2015 y a partir de dicho año cayó a 1,3 %. Es preocupante el hecho de que el crecimiento de la productividad laboral en algunos sectores importantes, como la industria, haya sido negativo desde 2015.

Estas cosas son síntomas de ineficiencia y debilidades estructurales que obstaculizan el crecimiento económico y la capacidad de generar empleo de buena calidad. A lo anterior se suma una política laboral poco eficaz. Por ejemplo, los aumentos del salario mínimo han sido bastante generosos, especialmente el último, en momentos de desaceleramiento de la economía y la productividad. Tampoco se ha avanzado en la flexibilización laboral y, por el contrario, algunas medidas han contribuido a empeorarlo. La agenda del Gobierno debería encaminarse a entender estos problemas y buscarles solución.

* Director del Departamento de Economía, Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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