Desempleo y rebote automático de la economía

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Los desempleados son ahora 4,7 millones de colombianos –eran 3 millones en febrero–. Las cifras son evidencia de una tragedia. Y no es difícil imaginar que esta se extiende a sus dependientes económicos (niños y jóvenes), y en general a toda la sociedad: pobreza, mayor desigualdad, pérdida de capital humano (educación y salud). ¡El desempleo llegó a 21,4%!

Algunos analistas han resaltado que las cifras más recientes tienen señales positivas: los que perdieron su empleo frente a febrero ya no son 5,5 millones (dato de abril), sino 4,7 millones (dato de mayo). Esta lectura de los datos, sin embargo, no da para hablar de recuperación económica. Es bastante prematuro para decir que tocamos fondo.

En primer lugar, parte de la variación en los números de ocupados en mayo (frente a abril) puede estar en que el Dane no encuesta a los mismos colombianos cada mes. La muestra de hogares encuestados va cambiando. Y, en segundo lugar, más importante: los datos pueden mostrar que muchos colombianos, que se declararon desempleados o en inactividad laboral en abril, se ocuparon en mayo al relajarse las medidas de confinamiento; no obstante, hay mucho trecho para comparar una salida de la cuarentena –poco gradual y poco inteligente– con el inicio de la recuperación o la reactivación económica.

La reactivación no será cuestión de un rebote automático, que se inicia con salir de la cuarentena o por las propias fuerzas del mercado. Dependerá de una estrategia ambiciosa de desarrollo productivo y competitividad, que debería ser planeada y empezada desde ya, y que tendrá que ser continuada y ampliada por el gobierno del periodo 2022-2026, en medio de un contexto (nacional y externo) muy difícil. No hay que demorarse en buscar un acuerdo nacional sobre el tema.

El desafío no ha cambiado: la crisis le ha sumado a la cifra de desempleo 1,7 millones de colombianos; se han perdido alrededor de 5 millones de puestos de trabajo; pasarán muchos meses –incluso años– para que muchos colombianos puedan decir que sus niveles de ingreso y bienestar económico retornaron a los niveles precrisis, y los efectos persistentes serán pagados por las generaciones más jóvenes –a las que hay que apoyar de inmediato con educación, salud y formación para el empleo–.

Mientras no tengamos un plan ambicioso de reactivación en marcha, estaremos condenados a escuchar el pronóstico simplón de que la economía rebotará con la relajación del confinamiento, como si fuera una pelota de tenis golpeando el piso. Tan simplón como la receta medieval de la cuarentena como única forma para enfrentar la pandemia. Ambas respuestas, fáciles de comunicar, pero lejos de ser óptimas, son lo que dejan las fallas estructurales de largo plazo de nuestro Estado (modelo productivo, infraestructura de salud). Fallas que podemos corregir con estrategia y acción, también con esperanza, pero no con optimismo bobalicón.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)

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