Por: Leonardo Fabio Martínez Pérez

Día del Maestro y Bicentenario: convergencias necesarias

Hablar del Día del Maestro implica reconocer una amplia diversidad de contextos históricos y culturales, a través de los cuales distintos países han enaltecido la labor que han desempeñado los profesionales que nos hemos dedicado a la formación y a la enseñanza de diferentes áreas del conocimiento humano, comprometidos así con la formación cultural de los niños, jóvenes y adultos.

Las conmemoraciones del Día del Maestro ocurren en distintas fechas del año: en Argentina se celebra el 11 de septiembre; en Bolivia, el 6 de junio; en Brasil, el 15 de octubre; en Chile, el 16 de octubre; en Paraguay, el 30 de abril; en Uruguay, el 22 de septiembre; en Canadá, el 5 de octubre, y en México y en Colombia, el 15 de mayo, por resaltar algunos casos de nuestro continente.

En Colombia, en 1951 el presidente de la República Laureano Gómez decretó el 15 de mayo como el día oficial del educador, motivando su acto administrativo “por la fiesta de San Juan Bautista de la Salle, patrono de todos los maestros y profesores, educadores de la niñez y de la juventud”, asimismo por la labor que llevaría a cabo la congregación de los hermanos de la Salle por sus eficaces servicios a la educación colombiana.  Aunque de esta forma se institucionalizó la celebración del Día del Maestro, su significado es mucho más amplio y constituye la valiosa oportunidad para rendir un merecido homenaje a todos los maestros, profesores y educadores que, como proyecto de vida, han optado por la formación de seres humanos éticos y transformadores de sus entornos y territorios.

Estudios históricos de la educación han preferido hablar del maestro para referirse al sujeto que se ha formado para enseñar en la escuela conforme el saber fundante de la pedagogía. Así su autoridad tiene que ver con este saber y con el reconocimiento social que esto implica. El profesor puede ser referido al maestro que actúa en el ámbito universitario y el docente es un profesional que enseña, pero que no necesariamente se ha formado como maestro. El educador es una categoría más amplia que podría abarcar a los sujetos que deciden desarrollar procesos formativos en diversos espacios sociales y culturales que van más allá de los limitados por las instituciones escolares.

Reconocer la labor del maestro implica destacar el campo intelectual de la pedagogía como el referente amplio y diverso en el que convergen distintos discursos sobre lo que hoy significa enseñar y educar. No hay una única manera para referirse a esta labor; existen distintas perspectivas y actores que constituyen ese campo, de allí su riqueza y grandeza para la construcción de conocimiento  educativo, pedagógico y didáctico pertinente para la constitución de nación y para la generación de las transformaciones necesarias orientadas a dar base a una sociedad justa, en paz e incluyente.

El Día del Maestro en este año coincide con el bicentenario de la Independencia colombiana y en este sentido rescatar el legado de Simón Rodríguez es importante y necesario por cuanto representa el pensamiento ilustrado latinoamericano; sus principios y fundamentos aún tienen vigencia en nuestra época, pues la educación continúa siendo el mecanismo por el cual es posible construir un proyecto de nación.

Este maestro colonial propuso la inclusión social a través de la escuela para todos, la formación para el trabajo y la formación de hábitos que favorecerían el establecimiento de relaciones sociales propias del sistema republicano.

Como maestro colonial y republicano, profería que el fin social de la educación era la construcción de la república; por tanto, la educación debía ser un proceso propicio por el cual los ciudadanos aprendieran sus obligaciones sociales propias de este sistema.

Don Simón Rodríguez, tutor e inspirador de Simón Bolívar, buscaba el despertar de los territorios andinos de una práctica educativa decimonónica excluyente y patriarcal, que correspondiera con una época cambiante de producción de nuevos conocimientos y de ansias de libertad.

En Colombia su pensamiento fue uno de los primeros en reconocer que todo acto pedagógico se convierte en una acción política que, para el caso, habría posibilitado el reconocimiento cultural, político, social y económico de los pueblos originarios, afrodescendientes, criollos, mulatos, pobres, así como de mujeres. De igual forma reconoció la necesidad de dotarla de una nueva estructura, de fondos públicos, de maestros preparados, de reglamentos escolares, de espacios físicos adecuados y de cambios en los contenidos que permitieran nuestra propia producción y desarrollo a la manera americana.

Como entonces, ahora las consideraciones de este maestro ilustre continúan vigentes, no solo por la importancia que tiene la educación en la construcción y el crecimiento de una nación, sino por los reparos al sistema educativo propios de su pensamiento, que dos siglos después, continúan vigentes. Es así como continuamos hablando de reivindicar el lugar del maestro como intelectual de la cultura, como movilizador de pensamiento y formador de las mentes y corazones de los ciudadanos.

Hoy más que nunca la lucha por la dignificación de la profesión docente es urgente y necesaria. Los maestros deben ser valorados por su saber y deben tener mejores condiciones para su ejercicio y su cualificación permanente. La vigencia del pensamiento del maestro Simón Rodríguez está presente en los eventos académicos que ocurren en el auditorio multipropósito de la Universidad Pedagógica Nacional que recibe su nombre y que, más allá de un espacio físico, constituye un escenario para la formación del maestro en Colombia.

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional.

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