Orgulloses en la negación

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La posibilidad de definir los estados de la materia no limita la capacidad de la misma de transformarse por accidente o por voluntad en algo diferente. Y aunque la escuela con insistencia me mostró tres o cuatro estados, fue con el tiempo, las andanzas, la investigación y la juntanza que descubrí otros tantos más: el hielo superiónico, el líquido cuántico de espines y el más pertinente ahora, la plasma de quarks-gluones.

Ubicarme dentro de los tránsitos no binaries o inconformes con el género, ha sido una estrategia temporal posible para no tener que definirme desde la afirmación. Debo reconocer que este lugar de paso, desde el que me enuncio, ha sido más que el resultado de un accidente en las condiciones climáticas, este lugar situado es consecuencia urgente de las voluntades de vidas revoltosas que me anteceden y que se han hecho posible bajo diferentes formas a lo largo y ancho de este hermoso y violento Abya Yala, y un par de lugares más.

Al igual que los estados de la materia, los tránsitos en general -binaries o no- han evidenciado dentro del género, la movilidad de la expresión, la maleabilidad de las identidades, y por supuesto la plasticidad del cuerpo, poniendo en evidencia la insistente “naturalidad” de la heterosexualidad y la fragilidad de las imposiciones tradicionales de correspondencia cisgenérica. Una puesta en evidencia que ha desentrañado lo violento y cobarde que puede ser un régimen político como el heterosexual, armado con un sinfín de mecanismos para obligar el retorno de las fugas a su “normalidad”.

Durante la historia de las disidencias sexuales y de género se han instalado fracturas que nos sugieren un cambio de la culpa hacia el orgullo, cargando de valor las vidas que desde sus maneras han reafirmado las tragedias que supone la obligatoriedad heterosexual. Sucesos oficiales como Stonewall (1969) y sus disturbios predecesores en la cafetería Comptons (1966), agrupaciones desde nuestro Abya Yala como el Frente de Liberación Homosexual heredero del grupo Nuestro Mundo (1967) gestado en las entrañas de la Argentina, o los gestos de Lampião da Esquina (1978) que en plena dictadura brasileña decidieron escribir desde la clandestinidad sobre el sabotaje a las sexualidades imperantes; se posicionaron como sucesos que dan fe de la potencia misma de cambiar la autoflagelación no placentera, por la lucidez corporal, identitaria y del deseo.

Esta lucidez ponía de manifiesto la existencia de vidas enunciadas desde unos lugares difusos en el nombramiento, pero claros en su existencia que, con el cambio climático y los fuertes esfuerzos internacionalistas e institucionales, comenzaron a condensarse en una sigla medianamente legible, que suponían la conquista de poder nombrarnos desde un lugar diferente a la injuria. Y de esta manera poder desplegar una serie de esfuerzos por la defensa de la vida y la urgencia de la dignidad para la misma LGBTI.

Estos mismos sucesos, aquí o allá, trazaron una trayectoria que, apropiada por muchas, se ha reinterpretado al antojo de los intereses particulares pero que, en medio de toda la mercantilización e institucionalización, le ha dado marca a una ancestralidad subversiva que ha mantenido la sexualidad como bomba incendiaria. Esa historia de lucha junto a la existencia de vidas como las Muxes y les Two-spirits; pasando por los Mujercitos en México, los Floreados y las Falsas Mujeres del Medellín de la primera mitad del siglo XX; las Travestis, Travas y su despliegue argentino; o las machorras, los afeminados y las multitudes trans* de ahora, siguen evidenciando los otros estados de la materia que no nos enseñaron en la escuela pero que sin condensarse en una sigla, siguen poniendo en movimiento la materia de la existencia.

Estar inconforme con el género o definirse como no binarie, podría leerse como una novedad producida por estos tiempos donde las reivindicaciones de la sexualidad disidente se han tomado calles, estados, camas y academias. Sin embargo, su trayectoria está fija a esos seres que, desde su misma existencia, hackearon la correspondencia de identidad con expresión de género. Hoy, nombramos la existencia desde la negación, para intentar evitar la condensación nuevamente. Lo hacemos desde una estrategia muy peligrosa de definición a través del no, pero con la esperanza de que al igual que la plasma de quarks-gluones, que dio origen al universo, podamos ser materia transitando los estados propios y creados, sin necesidad de aparcarnos en uno afirmativo. Haciendo posibles nuestras vidas al reconocer la permanente innombrabilidad y eventual confusión corporal, identitaria y del deseo, como una potencia creadora y no como un molde aspiracional.

*Politóloga. Transfeminista queer.

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