Por: Santiago Villa

Diez años de Guaitarilla

Se cumplen 10 años de la masacre de Guaitarilla, sigue habiendo preguntas abiertas, y Nariño es aún epicentro de mafias y narcotráfico.

El 19 de marzo se cumplen 10 años de la masacre de Guaitarilla (Nariño), cometida en el municipio del mismo nombre, y en la que fueron asesinados siete agentes de la Dirección Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía Nacional (Gaula), y cuatro civiles informantes, por el fuego de soldados del Batallón de Infantería No. 9 “Batalla de Boyacá”.

Sigue habiendo preguntas abiertas, a pesar de que la masacre fue juzgada por la Justicia Penal Militar, que falló a favor de los militares que participaron en la “Operación Orca” y que concluyó con la muerte de los siete policías y cuatro informantes.

La versión oficial es que los policías trabajaban con una banda delincuencial llamada “Los Tiritingos” y que iban a recoger un cargamento de 400 kilogramos de cocaína. Quienes ejecutaron la “Operación Orca”, según el fallo de la Justicia Penal Militar, recibieron información de la existencia de este cargamento y que la cocaína sería recogida. Los militares afirmaron que montaron una emboscada para capturar a los cómplices de la banda. Según el testimonio de los militares, ignoraban que quienes recogerían el cargamento serían miembros de la policía, y respondieron con fuego de ametralladoras y granadas porque la policía habría disparado primero cuando llegaron a la emboscada.

Esta es la versión definitiva de la justicia hasta ahora. Cosa juzgada. Sin embargo, no fue la primera versión de los militares involucrados. Según recordé en una columna anterior, durante el noveno aniversario de la masacre: “La Fundación para la Libertad de Expresión (FLIP) publicó en el 2004 un estudio de caso que reveló la campaña de desinformación que realizó el Ejército poco antes de que se hicieran públicas las muertes en Guaitarilla. El comandante de la III Brigada en ese entonces, el general Mario Fernando Correa, dijo en un principio que se trataba de 11 miembros del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia, pero para ese entonces el Ejército ya sabía que se trataba de integrantes del Gaula. Hasta el momento nadie ha justificado el propósito de esta mentira.

Por la tarde la versión del Ejército había cambiado. Hablaron entonces de un error de comunicación y de un choque accidental entre miembros de ambas instituciones de seguridad del Estado.

Luego la historia volvió a cambiar. Finalmente se acusó a los policías del Gaula de ser cómplices de una banda criminal y de estar en camino a recoger un cargamento de 400 kilos de cocaína”.

El policía retirado Wilson Bernal, quien ha afirmado ser el único sobreviviente de los hechos y es hermano de uno de los asesinados, se sostiene en su versión inicial: los policías iban a rescatar a un secuestrado que estaba con el cargamento y sus compañeros fueron asesinados a sangre fría por los miembros del ejército. Bernal, no obstante, pagó una condena de cárcel por rendir falso testimonio, a partir de lo que concluyeron las investigaciones de la Fiscalía realizadas por la doctora Marlene Barbosa, por orden del ex fiscal general Luis Camilo Osorio. Wilson Bernal, a su vez, insiste en que fue manipulado el caso y que él sí estuvo en el lugar de los hechos. 

Hasta que no haya un nuevo testigo el caso no será reabierto, pero sigue siendo un episodio oscuro. Hay demasiados vacíos en torno a la masacre para que podamos pasar esta página sin tener el sinsabor de que no se ha llegado al fondo de la historia, y que la verdad quedó diluida en investigaciones y versiones incompletas. Ojalá no sea así en aniversarios posteriores.

Nota final: En el momento de escribir esta columna, se hallaron dos cuerpos que podrían ser los del mayor Germán Méndez Pabón y el patrullero Edílmer Muñoz Ortiz, policías que, según el comunicado de la Policía Nacional, “gestionaban recursos para reconstruir el tejido social en zonas vulnerables”. El sospechoso que más se nombra es la columna móvil Daniel Aldana del Frente 29 de las Farc, que opera en la zona. Es lamentable que el décimo aniversario de la masacre de Guaitarilla coincida precisamente con el asesinato de otros dos policías. Han pasado diez años y la situación de criminalidad y mafias en Nariño parece estar dando vueltas sobre su propio eje. 

Twitter: @santiagovillach

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Santiago Villa

La hora negra de la Alianza Verde

China abandonará al chavismo

Bocelli

Una paz entre dos desinteresados