¿Doctorados sin formación integral?

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Recientemente la Comisión Sexta del Senado de la República discutió el Proyecto legislativo 195 de 2019 que busca que institutos y centros de investigación, reconocidos previamente por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, sean autorizados por el Ministerio de Educación para entregar títulos de maestría y doctorado. Actualmente esto solo lo pueden hacer las universidades que ofrecen una formación integral; así lo plantean la Constitución Política, la Ley 30 de 1992, los acuerdos sobre acreditación y la reglamentación del registro calificado. El Proyecto es contrario al marco normativo existente. En todo caso esta es una oportunidad para reflexionar sobre la formación de posgrados en Colombia.

¿Para qué formarse en los niveles de maestría y doctorado en el país? En el mundo contemporáneo el conocimiento es fuente de riqueza y bienestar. Las decisiones importantes de la sociedad deben estar basadas en el conocimiento. La pandemia es un claro ejemplo. El conocimiento nos permite comprender el fenómeno, mitigar sus impactos, atender a sus consecuencias y, eventualmente, desarrollar una vacuna o un tratamiento que nos permita superarlo.

El aprendizaje y la búsqueda del conocimiento se dan a lo largo de la vida, las maestrías y los doctorados son los más altos niveles de la formación académica integral. Una formación integral no solo asegura la adquisición de las aptitudes cognitivas necesarias para la apropiación y la gestión del conocimiento, sino, lo que es más importante, desarrolla las actitudes ciudadanas que permiten vivir en sociedad y contribuir al fortalecimiento de la comunidad armonizando los propósitos, los principios y las acciones individuales y colectivas.

La iniciativa legislativa reconoce la importancia que tiene la formación de alto nivel para el progreso del país, sin embargo, se equivoca en la estrategia para lograrla. Preocupados por un bajo número de doctores, 16 por millón de habitantes, en comparación con países desarrollados como Estados Unidos, que tiene 200, el proyecto considera que al liberalizar la oferta se abaratarán los costos y crecerá exponencialmente la cantidad de doctores en el país. Esto implica una segunda pregunta: ¿qué es la formación doctoral?

Responder a esta pregunta implica reflexionar sobre lo que caracteriza el proceso de formación doctoral. Un doctorado o una maestría son mucho más que la tesis que se publica, se espera que quien vive estos procesos formativos desarrolle una serie de aptitudes cognitivas que le permitan, además de ser un experto en su campo, poderlo entender en su contexto y en su relación con otras disciplinas y formas de saber.

El reconocimiento a los abuelos, a los maestros, a los sabios de una comunidad, es expresión de que, en general, las sociedades valoran el conocimiento porque entienden que este puede ayudar a mejorar sus condiciones de vida y el destino de sus pueblos. Quienes alcanzan los más altos niveles de formación se convierten en líderes de sus comunidades y, en muchas ocasiones, terminan siendo responsables del desarrollo y evaluación de las políticas y los programas que a todos nos afectan. Es preciso por ello que, más allá de la especialidad, gocen de la integralidad referida. ¿Cuál es entonces el ambiente propicio para una formación integral?

Las universidades, por su carácter autónomo, universal, corporativo y científico, por sus cuerpos colegiados y por la diversidad de sus comunidades, permiten el encuentro de las artes, las ciencias y las disciplinas de todos los campos del conocimiento. Esta riqueza permite al estudiante complementar su formación, tanto intelectual, como ética y humana, en cualquier área del conocimiento, de acuerdo a su elección.

Los centros e institutos de investigación resultan ser aliados fundamentales para la gestión y generación del conocimiento especializado en ciertas áreas. Algunos estudiantes desarrollan sus tesis en aquellos de mayor tradición y capacidad. Eso es muy valioso e importante, pero no reemplaza la formación integral. Es tan solo una parte de ella.

El mejor camino es un trabajo articulado de institutos y centros de investigación con las universidades, ojalá en el marco de una ruta común como la definida por la Misión Internacional de Sabios 2019, en donde empresas, universidades, centros de investigación, comunidades y Estado cooperemos como actores de un Sistema Nacional de Innovación en donde todos tenemos un papel específico que cumplir. La formación corresponde a las universidades.

Esta es la ruta para hacer de Colombia un país competitivo y equitativo, en donde el conocimiento sea parte de nuestra cotidianidad y podamos tener mayor calidad de vida, menos desigualdad y una riqueza sustentada en la conservación de nuestra diversidad intelectual, cultural y natural.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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