Por: Pablo Felipe Robledo

Dos caras en la misma moneda

El proceso de paz entre el Estado colombiano y las Farc sufrió uno de sus más estruendosos sucesos con ocasión del discurso de Iván Márquez en el que nos amenazaba con el surgimiento de un nuevo grupo guerrillero. Sin embargo, esa intervención de Márquez, en compañía de Santrich, Romaña, el Paisa y otros delincuentes desertores, no logró el efecto perverso por ellos perseguido sino todo lo contrario: nos unió, a casi todos los colombianos, ahora sí, en torno a la implementación de la paz.

Muestra de lo anterior son las generalizadas reacciones de dirigentes políticos, periodistas, líderes de opinión, empresarios y ciudadanos que han rodeado el proceso en medio de este tropiezo. Varios de ellos salieron a defender y valorar un proceso de paz que otrora habían criticado. Salir de la guerra y vivir en un país cada vez menos violento y sangriento los ha sabido convencer de las bondades de la paz.

Entre esas positivas reacciones deben valorarse, especialmente, las de dos personas que, aunque aparentemente representan lo antagónico (cara y sello), están remando hacia la misma orilla: hacer de la paz una realidad.

Me refiero, por un lado, a las reacciones del excomandante de las Farc Rodrigo Londoño, quien desde su cuenta @TimoFARC envió varios mensajes contundentes: “Ni un paso atrás por la paz”; “La guerra no merece darle eco (…)”; “Llamamos al pueblo colombiano, al Gobierno, a la comunidad internacional, empresarios, gremios, movimiento social y popular, a los exguerrilleros que asumieron el reto de la lucha política abierta, a rodear como nunca los acuerdos de La Habana y su proceso de implementación”.

La claridad de su mensaje y su acertada reacción en contra del desobligante proceder de sus antiguos compañeros son de elogiar. Su compromiso con la paz y el de sus más de 10.000 excombatientes, que sí se han sometido a los procesos de agrupación zonal y de reinserción que el Estado les diseñó para asumir una nueva vida alejada del delito y las armas, es lo que vale la pena ponderar en este momento.

De otro lado, es de valorar enormemente la reacción del alto consejero Emilio José Archila, quien, sin duda, se ha venido consolidando no solo como el más sensato sino como el mejor funcionario del Gobierno de Iván Duque. Reaccionó con serenidad y prontitud, pero además llevó personalmente un apropiado mensaje a los exdesmovilizados, acompañado de abrazos y sentimientos de solidaridad y apoyo, recibiendo de ellos lo mismo que fue a llevar.

Pero como no todo es perfecto, también es verdad que otros no estuvieron, ni de cerquita, a la altura de las circunstancias. Algunos se siguen comportando no como estadistas sino como “matones de esquina”, insistiendo en su mezquina estrategia de buscar dividendos políticos en medio de la tragedia colectiva que representa retroceder. De ellos se ocupará la historia, no esta columna.

Hoy, prefiero resaltar el buen ejemplo, tanto de Londoño como de Archila, aparentes cara y sello de la misma moneda pero que, por fortuna, se muestran idénticos en señal de esperanza en medio de las dificultades.

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