Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre el discurso anti LGBT

Soy biólogo de profesión, creyente (aún), pero con varios sesgos respecto a la forma tradicional de creencia católica.

Quisiera decir que, si bien muchas personas realizan discursos de odio y discriminación hacia los homosexuales, no todo discurso que no avale la conducta o el pensamiento gay es un discurso de odio. Las personas gais somos diferentes, claro. Y existen personas que no se incomodan con las diferencias y que las ven normales o, por lo menos, no dañinas ni para ellos ni para la sociedad en general. Sin embargo, hay otras que simplemente no están de acuerdo. Sea porque en su casa les enseñaron que eso no es “voluntad de Dios”, como me lo enseñaron a mí, sea porque no lo ven como algo natural, sea por otros motivos diversos. A lo que voy es que las personas que no están de acuerdo con la homosexualidad no necesariamente odian a los homosexuales. He conocido muchísimas personas que no están de acuerdo con que sea gay, pero que me quieren, son mis amigos, salimos a tomar cerveza juntos, a la playa, etc. Incluso mis padres, quienes toleran mi condición, mas no la aceptan, sé que me aman y que en ningún momento han sentido odio hacia mí.

En el caso de la diputada, es muy probable que sea una jugada política, ya que es año electoral. Y es una jugada sucia... Pero considero que eso es la política: suciedad. Ahora bien, que sea un discurso de odio camuflado, no lo creo.

Juan Sebastián Cortés Munar.

Sobre la Corte Suprema y la censura

Este tema sí que merece la más amplia discusión y no sobran reflexiones de los propios medios de comunicación. El primer interrogante es cuánta credibilidad tienen los medios. Hojear las columnas de numerosos impresos y encontrar muchas noticias que no tienen respaldo serio no es una sorpresa. Escuchar o leer, para manipular la información, “de altas fuentes”, “un pajarito me contó”, no es raro y, sobre todo, de los medios radiales. El encontrar que muchos medios son propiedad de grupos financieros o magnates de toda índole no es una rareza, y sobre todo al leer o escuchar comentarios que demuestran una clara defensa de su patrocinador o dueño, no es extraño. Ver cómo toman partido en un juicio, y la forma como atacan o cuestionan a jueces, altas cortes y a funcionarios porque no están de acuerdo con sus opiniones y no dando oportunidad de réplica es muy cuestionable. Ver cómo cambian los comentarios cuando se consigue una pauta publicitaria sí que es común. El decir que un medio es imparcial, pero cuando uno ve titulares que definitivamente son para orientar al lector a una posición, no sorprende. ¿El derecho a no informar las fuentes cuando se descubre que no tienen respaldo a la información dada no es una forma de impunidad o incluso de coartar el derecho a la defensa? ¿No estarían los medios impedidos para defender a su patrocinador? Ser juez y parte no es sano y, sobre todo, no permitir el derecho a la réplica en igualdad de condiciones y despliegue. Defenderse de un chisme es casi imposible. Invito, pues, a la más amplia discusión y a un examen de conciencia de los medios.

Manuel José Jiménez Gómez.

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