Dos cartas sobre el regreso a la educación presencial

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Lo importante son los niños

En gran medida, comparto su editorial, pero tengo algunos reparos:

1) Muchos propietarios de instituciones educativas privadas han visto mermadas sus ganancias. 2) La implementación de la presencialidad no puede ser folclórica sino absolutamente responsable, cuidadosa y ajustada a las disposiciones de las autoridades sanitarias. 3) El regreso tiene que ser voluntario, no puede ser impuesto, pues cada familia es dueña de sus decisiones frente a los menores de edad. 4) No puede prevalecer el interés económico de los privados o el interés gremial de Fecode, sino una real y efectiva preocupación por los niños, su desarrollo, su proceso de formación y sus necesidades.

Lo relevante debe ser un trabajo serio, responsable, comprometido con los menores de edad. Si esto fuese así, ¿por qué, por ejemplo, no se han instalado mesas de trabajo de los actores involucrados que puedan hacer aportes con ideas, propuestas, estrategias, apoyos y demás acciones para el regreso a la presencialidad, de tal manera que las secretarías de Educación contasen con esas buenas prácticas? Lo importante son los niños, no las instituciones, los negocios en torno a la educación, las ganancias que reporta el servicio educativo, la soberbia, el triunfalismo o cualquier otra razón o interés que esté en función de los adultos y no de los niños.

Hay mucho que se puede hacer y que se debería hacer para lograr un regreso seguro a la presencialidad, pero para ello hay que renunciar a los egos y pensar definitivamente en los niños y en su desarrollo, antes que en cualquiera de los otros aspectos secundarios que rodean esta necesidad.

José Guillermo Martínez Rojas.

Disparos al aire

El problema para el regreso a clases presenciales, más que la pandemia, son los sindicatos de maestros liderados por Fecode. Quieren volver la presencialidad una lucha por sus intereses por encima de los intereses de los estudiantes.

Es un gremio que no se quiere dejar evaluar, algunos de ellos no educan a los estudiantes, acaparan los puestos de trabajo —porque hay muchos con más de 60 años y dos pensiones— y no dejan las posiciones libres para que las ocupe gente joven. Pero son intocables.

Su editorial sobre la necesidad de regresar a clases presenciales y esta carta son disparos al aire, nos ponemos mutuamente el hombro para llorar.

Gildardo Herrera R.

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