Dos cartas de los lectores

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La reactivación de la justicia

Me dirijo a ustedes, el periódico independiente de Colombia, para manifestar mi extrañeza, compartida por muchos, de que mientras la banca, los restaurantes, almacenes, actividades agropecuarias, de tránsito, de aviación, de hoteles, etc., están en la senda de la reactivación (y apenas con tímidos pasos, los planteles educativos), la justicia que debe tramitarse en los pomposamente llamados palacios de justicia se imparte de manera virtual, perjudicando grandemente a quienes necesitan este servicio público esencial. Por qué no hablar —mejor, editorializar— sobre la reactivación de la justicia y la apertura de tribunales y juzgados, un servicio público esencial, reitero, donde se requiere el principio de inmediación para que haya fácil acceso a aquella. Los que litigan saben el perjuicio que se causa a las partes, procesados, abogados litigantes, funcionarios judiciales y, sobre todo, subalternos, con el estado actual de cosas. El Estado debe dotar a tribunales y juzgados de los elementos de bioseguridad necesarios para una pronta y cumplida justicia, que no puede ser la rama seca del Estado, como dijera un magistrado que salió ileso del edificio de la Corte Suprema de Justicia por estas fechas hace 35 años. Les rogaría que escribieran, como ustedes saben hacerlo, sobre este delicado tema. Como ocurre con tantas cosas de este país, si no escribe sobre ello El Espectador, ¿entonces quién?

Jairo Augusto Libreros Cáceres.

Lo positivo que deja la pandemia

Los artículos sobre “El lado B(ueno) de la pandemia” (El Espectador, noviembre de 2020) se asemejan al testimonio de un hombre amputado de una pierna al que le pusieron una prótesis y afirmaba que la sentía mejor que la que tenía antes. No faltan quienes prefieren respirar —así sea solo respirar— en uno de los países más desiguales del mundo, con una violencia endémica que nunca cesa y unas élites corruptas que hacen palidecer a Alí Babá y sus 40 ladrones. Gracias por ese optimismo desaforado. Lo que los colombianos y las colombianas se merecen es poder respirar, así sea en medio del fango, los campos yermos, la miseria y la humillación. Todo ello, en medio del reconfortante perfume de los camposantos repletos de NN. ¡Esto es vivir! ¡Y que venga otra pandemia para disfrutar aún más de sus enseñanzas positivas!

Néstor Miranda.

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