Por: Salomón Kalmanovitz

Dos globalizaciones

Los historiadores de la globalización periodizan dos grandes fases de su desarrollo: el primero, de 1860 a 1914, seguido de un período de desintegración de los flujos de capital, comercio y personas, atravesados por dos guerras mundiales y la Gran Depresión de 1930. Y el segundo, de 1950 al presente, con un enorme crecimiento del comercio y de la inversión de capital, pero carente de flujos legales de personas entre países.

Mientras los países del Cono Sur y Costa Rica se insertaron con fuerza en el mercado mundial desde 1860, Colombia lo pudo hacer muy tardíamente, terminada la guerra de los Mil Días, de 1905 en adelante. Colombia andaba ensimismada en su conflicto interno y aislada por su geografía, y a pesar de esos factores obtuvo un comportamiento excelente, partiendo de un punto muy bajo en la escala de riqueza. Sus índices de calidad de vida eran bajos, como lo muestra la expectativa de vida al nacer, que era de sólo 28 años en 1900 (contra 40 en Europa y 72 actualmente en Colombia) y una estatura 7 centímetros inferior a la actual, como lo han mostrado Adolfo Meisel y Margarita Vega. La baja estatura refleja una nutrición deficiente, carencia de condiciones de salubridad, en especial suministro de agua potable, alcantarillado y basuras, ausencia de cuidado médico para mujeres embarazadas y lactantes y para la población infantil.

Hubo un vertiginoso avance de las exportaciones de café y se volvió a participar en los flujos de capital, que se multiplicaron hasta 1930, permitiendo comenzar a vencer los obstáculos planteados por la geografía con numerosas obras públicas. La Gran Depresión no significó un retroceso para el país que, por el contrario, pasó a industrializarse rápidamente, sobre la base de la gran expansión previa. La excesiva protección arancelaria venía desde el general Reyes e incluso no se elevó en especial durante esta fase, como lo creen la mayor parte de los economistas. Más que políticas proteccionistas se trataba de recoger ingresos para el Gobierno, que sus ciudadanos se rehusaban a contribuir.

En la segunda globalización, el comportamiento fue relativamente mediocre, caracterizado por erigir altas barreras al comercio y a la inversión extranjera. No se trató tanto de subir los aranceles sino de introducir listas de prohibida importación, licencias, cuotas, medidas fitosanitarias que le dieron a la agricultura una protección infinita. La hostilidad contra la inversión extranjera se concretó con la introducción del control de cambios e inversiones y en los años 70 con la llamada colombianización de la banca.

Paralelamente, se reprimía al sistema financiero en beneficio de algunos agentes con poder político por medio de créditos subsidiados que otorgaban el Banco de la República y el Gobierno, y también se limitaba la competencia dentro del sector financiero. Aunque el sistema representó una ventaja para algunos industriales y gremios, también significó un racionamiento del crédito para el resto, correspondiéndole tasas de interés muy elevadas, especialmente si iban al mercado extrabancario.

Las barreras al comercio también incidieron para que el país tornara en monoexportador. Las políticas emprendidas al final de los sesenta liberaron las importaciones para los exportadores y la devaluación gota a gota trataba de forzar una tasa de cambio que tendía a revaluarse, al restringirse la demanda por importaciones. Aunque en últimas exitosa, el costo de esta política fue contribuir a la inflación persistente que se enseñoreó sobre la economía entre 1970 y el año 2000.

La falta de comercio internacional y de inversiones extranjeras más un sistema financiero llano contribuyeron todos a frenar el crecimiento económico, lo cual fue agudizado por la crisis de la deuda latinoamericana de los años 80 y la parada súbita de los flujos de capital en 1999-2002. La aceleración del crecimiento actual se debe aparentemente a la remoción de las barreras aludidas.

 

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