Por: Julio Carrizosa Umaña

Ecología y empleo

Dos buenas noticias. La primera es que por fin se ha iniciado, como lo habíamos recomendado hace años, un proyecto que une, a través del trabajo, el proceso de paz y las cuestiones ambientales. La segunda noticia es que en los últimos dos años se han plantado árboles en 264.823 hectáreas en solo cuatro departamentos.

Lo primero se logró gracias a la cooperación de cuatro instituciones: el Ministerio de Ambiente, el Consejo Noruego para Refugiados, la Fundación Colombiana de Excombatientes y Promotores de Paz y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En él intervendrán más de 3.800 personas de las Farc y de comunidades locales.

No ha dicho la prensa quiénes hicieron el milagro de acelerar la reforestación en Vichada, Arauca, Caquetá y Putumayo, pero es muy probable que ese proceso esté relacionado con la tregua y con proyectos del Sinchi y otras entidades públicas y privadas. Si se calcula que una persona puede sembrar y cuidar 11 hectáreas anualmente, esto significaría que en esos departamentos las plantaciones forestales han generado en dos años aproximadamente 24.000 empleos nuevos.

Estas dos noticias muestran que los campesinos, los excombatientes, los propietarios de tierras, los empresarios y también los funcionarios se han dado cuenta de que vale la pena arriesgar su trabajo, su capital y sus instituciones para recuperar el patrimonio ecológico del país. La magnitud de lo logrado puede parecer demasiado pequeña en comparación con la gravedad de los problemas ecológicos y sociales, pero sin duda constituye un ejemplo y también una experiencia que será observada con cuidado por otros que podrían replicarla o ampliarla.

Es una suerte que estas noticias coincidan con la visita del Papa porque los dos proyectos son acordes con temas desarrollados en sus escritos: la unión necesaria entre lo ambiental y lo social en el concepto de ecología integral.

Considerar el trabajo para restaurar la ecología integral de Colombia como el instrumento prioritario en la construcción de la paz podría tener la importancia y el realismo suficiente para que las autoridades monetarias y fiscales consideraran la posibilidad de financiar réplicas nacionales de magnitudes significativas para solucionar al mismo tiempo los obstáculos ecológicos y los problemas sociales, económicos y políticos que hoy están trancando ese proceso.

 

 

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