Por: Julio Carrizosa Umaña

Ecosistemas, población y dinero

Hoy tenemos menos espacio por habitante que los chinos: ellos tienen 3,5 hectáreas y los colombianos sólo tenemos 2,0. Lo más grave es que, de esas dos, un poco menos de una está todavía cubierta por selva húmeda y 0,3 hectáreas son montañosas o están en los valles interandinos. Dentro de unos treinta años, las hectáreas restantes se habrán disminuido debido al aumento del nivel del mar causado por el cambio climático global. La situación es compleja, como lo repitieron varios de los ponentes que intervinieron en el décimo Congreso Internacional de Medio Ambiente, convocado por la CEID, en donde el dato fue proporcionado por Peter Head, una de las personas de quienes se dice que podrían cambiar el mundo.

En otra reunión de la semana pasada, la convocada por Planeación Nacional para presentar el nuevo Atlas de Expansión Urbana de Colombia, elaborado con profesores de la New York University, tres de los ponentes hicieron también afirmaciones relacionadas con la relación entre espacio y población en el país. Pedro Ortiz, urbanista de gran prestigio internacional, dijo que Bogotá podría doblar el espacio que ocupa en 14 años; el director del DNP, Luis Fernando Mejía, informó que la huella urbana de la capital es ya de 48.000 hectáreas, y el vicepresidente sénior del Banco Mundial, Paul Romer, insinuó en la reunión que Colombia debe preguntarse “qué se necesita para lograr un crecimiento rápido” y en El Tiempo contestó que “las ciudades están listas para darles la bienvenida a las empresas que crean esas oportunidades de crecimiento”. Las tres afirmaciones podrían conducir a que, antes del 2031, desapareciera la sabana de Bogotá como ecosistema rural, pero si se tuviera en cuenta el valor de lo que se quiere urbanizar, podría constituir también un conjunto de razones para racionalizar la ocupación de los ecosistemas en Colombia.

El nuevo Atlas ha estudiado 109 ciudades y tenemos ahora datos muy concretos acerca de sus procesos de expansión. Se trata de una muestra en la que están casi todas las capitales de departamento, las ciudades cercanas a las más grandes, como Soacha, y otras ciudades secundarias que han mostrado algún signo de potencial de expansión territorial. Tal vez podría ser esta la oportunidad de seleccionar entre ellas aquellas cuya expansión causaría menos daños ecológicos y pedir dinero suficiente al Banco Mundial para acelerar su crecimiento en nuevos barrios que fueran ejemplo de buen vivir, de inclusión social, de potencial de generación de empleo y de sostenibilidad ambiental.

* Miembro de La Paz Querida.

 

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