150 años de apostarle a una Colombia educada

El 22 de septiembre de 1867 se fundó la que entonces se conocía como la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Hoy, 150 años después, la Universidad Nacional (UN) está en el corazón de la construcción de país y se ha consolidado como el espacio donde se dan los debates fundamentales para el futuro de Colombia. Es un momento para celebrar su historia y preguntarnos por sus obstáculos que están pendientes de solución.

Como explicó hace poco su rector, Ignacio Mantilla, “el objetivo principal de su creación era contar con una institución mediante la cual el Estado organizara y desarrollara las políticas de educación superior del país. Tarea que sigue vigente”. Su propósito se resume en una frase: “Buscar la verdad en las aulas de la academia”. Es la apuesta de un país por tener espacios donde sea posible producir conocimiento, discutir ideas, así no sean populares, enfrentarse a los problemas más complejos de las épocas y que toda esa actividad esté abierta a todos los colombianos sin importar su contexto socioeconómico.

Por haberse creado con el fin de fomentar la libertad de pensamiento y por haber cumplido con entusiasmo ese mandato, la UN ha sido fuente de polémica a lo largo de su historia. Es así como en los abundantes gobiernos de talante conservador, y en medio de conflictos armados que polarizaron ideológicamente al país, han sido múltiples lo intentos por estigmatizar a la universidad y obstaculizarla. Aún hoy, en pleno siglo XXI, apoyar la libertad de cátedra y un espacio académico financiado por recursos públicos, pero independiente de los gobiernos de turno, es una proposición que debe defenderse a diario.

Mucho se ha escrito de la cantidad de personas que han pasado por la UN para después cambiar el rumbo de la historia del país. Hoy, por supuesto, también los celebramos. No obstante, vale la pena centrarse en el logro tal vez más difícil y admirable de la universidad en estos 150 años: pese a todas las dificultades, es un espacio de calidad reconocido a nivel internacional.

Como contó Rocío Arango Giraldo en El Colombiano, “la Universidad Nacional genera más de 50 innovaciones tecnológicas que son irrigadas al sector productivo en Colombia cada año. De hecho, tres de cada diez de las invenciones producidas en Colombia por la academia o las instituciones de investigación se generan en el interior de los laboratorios y aulas de la Universidad Nacional. El 38 % de los grupos de investigación está categorizado por los niveles superiores en Colciencias, y con los escasos recursos el año pasado se obtuvieron 36 patentes”.

Esas cifras son impresionantes y un motivo más para que este país renueve su apuesta por el sistema de universidades públicas. Es común escuchar al rector de turno de la UN insistir en que faltan recursos, que la infraestructura necesita inversión, que la política de Colombia sobre educación debe resignificar la importancia de la oferta educativa pública. Los 150 años de la UN son tal vez el mejor argumento para apoyar esa posición.

Lo dijo Mantilla: “Hay que ratificar que la Universidad Nacional de Colombia es el patrimonio de todos los colombianos y que tanto su presente como su proyección se constituyen en un fundamental aporte para la construcción de la nación y su consolidación en el contexto internacional”. Felicitaciones a la UN. Sin duda, el país seguirá construyéndose en sus aulas, a través de sus profesores y estudiantes.

 

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