
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Si hay una frase que resume el riesgo que enfrenta nuestro país en términos climáticos es una que pronunció la directora del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ghisliane Echeverry: “Estamos en un momento de crisis climática muy compleja”. No es una exageración. A comienzos de 2026 llegó un frente frío que aumentó las lluvias, cuando se supone que son escasas; después, en marzo, abril y mayo, meses de lluvia usualmente, tuvimos menos precipitaciones, lo que llevó a temperaturas anómalas en varias regiones del país. Por eso las cuencas “están en descenso”. Todo esto mientras las predicciones de El Niño para el segundo semestre lo ubican con posibilidad de ser de los más severos que hemos visto en años, y hay también preocupación sobre la sostenibilidad del sistema energético ante las presiones de sequía.
Según Echeverry, “las probabilidades que estamos manejando ahora son que sea fuerte o muy fuerte”, refiriéndose al 82 % de chance de que ocurra el fenómeno de El Niño en el trimestre de junio, julio y agosto. Por eso “es muy importante empezar a hacer campañas de ahorro de agua y energía, prevención de incendios, reducción de impactos sobre la fauna local”, dijo Irene Vélez, ministra (e) de Ambiente. El riesgo es que podríamos tener un momento crítico de falta de lluvias en diciembre de este año y los primeros dos meses del próximo. Los colombianos ya sabemos lo que eso significa.
Al mismo tiempo, el gremio de generadoras de energía (Acolgén) prendió las alarmas sobre la sostenibilidad del sistema eléctrico. Natalia Gutiérrez, presidenta del gremio, dibujó así el panorama: “Tenemos unos balances negativos: un retraso en la entrada de proyectos de manera sistemática, hoy hablamos de casi 4.000 a 4.500 megavatios de energía firme que debieron haber entrado en los últimos cinco años y no han entrado, un incremento de la demanda sin que haya aumentado la oferta a la misma velocidad y un fenómeno de El Niño que no teníamos en el radar”. La propuesta es encender las térmicas de manera anticipada para “cuidar los embalses”, teniendo en cuenta la sequía que está por venir.
Si quien nos lee siente un “déjà vu”, una extraña sensación de que la historia se repite, es porque cada vez que hay fenómenos climáticos que aumentan en su fuerza, nuestro país se encuentra a sí mismo sin la suficiente preparación. Basta con escuchar en La FM al director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), Alfred Ballesteros. Según él, hemos fallado en compensaciones ambientales, en implementar con la velocidad adecuada los ajustes de sostenibilidad y, “si se cumplen las predicciones de las agencias internacionales y del Ideam, y no tenemos precipitaciones fuertes a partir del mes de junio, los embalses podrían no recuperarse”. Los embalses cercanos a la capital alcanzan el 53 % en el de Tominé, 55 % en Sisga, 82 % en Neusa y 37 % en Chuza. El Distrito dijo que está monitoreando la emergencia y que está preparado para enfrentar la situación que eventualmente ocurra.
Es necesario ahorrar agua, volver a las medidas de precaución, pero Colombia sigue evitando las soluciones ambiciosas que se hacen necesarias. Entre discursos de transición energética a punta de gestos impulsivos y la frustración de las entidades territoriales se nos van los años, mientras la crisis climática solo seguirá empeorando.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.