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20 Jun 2022 - 5:00 a. m.

A sanar heridas con apertura a la izquierda democrática

Colombia quería cambio y lo consiguió en las urnas.
Colombia quería cambio y lo consiguió en las urnas.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castaneda

Después de varias décadas de estigmatización a todo lo que fuese izquierda, al punto de la aniquilación de un partido político entero por su manera de pensar, Colombia eligió ayer, por primera vez y de manera contundente, a un presidente de esa tendencia ideológica. La llegada al poder de Gustavo Petro y Francia Márquez representa, también, la materialización de una de las promesas de un país que sueña en paz: la alternancia del poder, la apertura a todas las posturas y la capacidad de tramitar nuestras diferencias en las urnas. Se trata de un estruendoso rechazo al gobierno de Iván Duque y a las dos décadas de dominio uribista. Ahora la pregunta es cómo vamos a sanar entre todos tantas heridas abiertas.

Mirar atrás es importante. Gustavo Petro estuvo en el M-19, una guerrilla que hizo parte de un proceso de negociación con el Estado colombiano y se reincorporó a la sociedad. Desde entonces, sus miembros han sido centrales en estos años para la construcción de Estado. Que ahora Petro sea el presidente de la República es una muestra de la importancia de la vía pacífica, del rechazo a las armas como mecanismo de toma del poder estatal. Vemos, en últimas, una reivindicación de la apuesta democrática e institucional que ha hecho Colombia. Eso es de celebrar.

Los números indican, además, que el mandato que recibe el nuevo presidente es amplio. Cuando los expertos veían difícil cómo iba a conseguir nuevos votos, Petro sumó casi tres millones de votantes a lo alcanzado en primera vuelta y le sacó más de 700.000 votos a Rodolfo Hernández, su contrincante. Estábamos rozando una participación del 58 % del censo electoral, una concurrencia histórica a las urnas. Si se suma eso a los resultados que obtuvo el Pacto Histórico en las elecciones legislativas, es claro que una mayoría de los colombianos están pidiendo un cambio.

Ahora lo que queda es dejarlo gobernar. Necesitamos vigilancia, claro está; necesitamos instituciones activas y fuertes que sirvan de contrapesos, por supuesto. Empero, el estancamiento político sería un rechazo a lo que han expresado una mayoría de los colombianos. El presidente electo debería ver la votación masiva de su contrincante como un país que se hizo contar y espera ser tenido en cuenta. Lo mismo se puede decir del medio millón de votos en blanco. Después de una campaña tan sucia y polarizante, es momento de hablar de unión y reconstrucción. Que los discursos vayan acompañados de los hechos.

La elección de Francia Márquez como la primera vicepresidenta afrocolombiana de la República es además un mensaje a todas las comunidades olvidadas, ignoradas, marginadas y víctimas de la violencia. Los territorios más afectados por el conflicto apoyaron esta fórmula y hay la expectativa de que un eventual Ministerio de la Igualdad ayude a sanar brechas inmensas en el país.

Colombia quería cambio y lo consiguió en las urnas. Lo que sigue depende de cómo recuperemos los hilos sociales que se rompieron en estas elecciones.

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