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¿Acoso laboral y sexual en el Ejército?

¿Es imposible que una institución tan importante como el Ejército Nacional se tome en serio los malos comportamientos laborales y sexuales?”. / Foto: Archivo El Espectador

El Ejército Nacional tiene que ser un espacio seguro para todos sus miembros, así como un ejemplo de comportamiento para todos los colombianos. Por eso, la denuncia de acoso laboral y sexual que realizó Maritza Soto en la Procuraduría hace más de un mes debe ser tramitada con transparencia, celeridad y, ante todo, protegiendo los derechos de la víctima. La reputación de toda la institución está en juego y no pueden silenciarse las graves acusaciones que el país ya conoció.

Hace poco más de una semana, El Espectador publicó una entrevista con Maritza Soto. En ella, se relata cómo se siente abandonada y perseguida pues, como denunció a un superior, se ha desatado todo un proceso de desprestigio en su contra. No es la primera vez que conocemos una historia similar y, de nuevo, los mecanismos internos del Ejército dejan muchísimo que desear. ¿Es imposible que una institución tan importante se tome en serio los malos comportamientos laborales y sexuales?

La historia va así. El comandante de la Fudra No. 3, coronel Hernando Garzón Rey, según Soto, habría incurrido en una serie de actuaciones que denotan el acoso laboral y sexual. Por ejemplo, Garzón Rey habría ignorado las recomendaciones legales hechas por Soto y, cuando se dio cuenta que ella estaba dejando plasmadas sus objeciones por escrito, empezó a señalarla.

“Hablaba en tono burlesco de mí mientras estábamos en los programas de radio con el personal de todas las unidades subalternas de la Fudra”, cuenta. También relata un traslado injustificado a la base de Hacarí, en Norte de Santander, pues “en esa base suelen estar acantonados solo hombres con mínimas condiciones de bienestar. Regularmente, no hay mujeres ahí. Era un acto que, cubierto bajo una orden de mi superior, buscaba degradarme al obligarme a que me enfrentara a una situación que es del ámbito de los combatientes, sobre todo teniendo en cuenta que no había ninguna necesidad real del servicio”.

Luego vinieron los presuntos acosos sexuales. Le mostró fotografías de una mujer en ropa interior, haciendo insinuaciones. En otro momento, la habría abrazado por la espalda y dicho “si usted cambiara conmigo, yo le diría cosas bonitas al oído”. Soto sentía miedo de él y tuvo que soportar comentarios sobre su novio.

Pese a que Soto recurrió a todo el conducto regular, la respuesta del Ejército fue nula. Dice que habló con el comandante de la institución, Nicacio Martínez, quien le ofreció disculpas, pero luego se desentendió del tema. Hace más de un mes presentó la denuncia ante la Procuraduría, pero el caso nada que avanza. La llamaron a una audiencia de conciliación y en ella Garzón Rey “se dedicó a atacarme afirmando que tenía una serie de informes en mi contra. Lo más doloroso fue que dijo, delante de personas a quienes veía por primera vez, que yo era muy desordenada, y para comprobarlo aseguró que tenía registro fotográfico de mi ropa interior, tirada encima de mi cama”. No es claro cómo obtuvo las fotografías en cuestión.

A todas luces, hay comportamientos cuestionables en discusión. Además, tras denunciar, Soto ha sido objeto de más hostigamientos. Cuando se publicó la entrevista en El Espectador, la jefa de la oficina del Ejército, coronel Claudia Martínez, dijo que “según la magnitud de los hechos y los resultados de esta investigación se tomarán las medidas disciplinarias a las que haya lugar”. El país espera que el proceso se haga con transparencia y lleguemos pronto a respuestas.

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