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10 Jun 2020 - 5:00 a. m.

Actrices colombianas empiezan a denunciar acosos y abusos

Las instituciones públicas y privadas no tienen mecanismos para tramitar adecuadamente estos casos y prefieren fomentar el silencio, lo que en la práctica implica condenar a las mujeres a sufrir sin ningún tipo de justicia y protección. / Foto de referencia
Las instituciones públicas y privadas no tienen mecanismos para tramitar adecuadamente estos casos y prefieren fomentar el silencio, lo que en la práctica implica condenar a las mujeres a sufrir sin ningún tipo de justicia y protección. / Foto de referencia

Varias actrices en Colombia decidieron utilizar Las Igualadas de El Espectador para denunciar de manera anónima varios casos de acoso y abuso sexual. Además de señalar a los presuntos victimarios, los testimonios demuestran una situación problemática: las instituciones públicas y privadas no tienen mecanismos para tramitar adecuadamente estos casos y prefieren fomentar el silencio, lo que en la práctica implica condenar a las mujeres a sufrir sin ningún tipo de justicia y protección. ¿Cómo podemos darles confianza a las víctimas si el sistema judicial es inoperante, injusto y está sumergido en la impunidad? ¿Cómo pueden las instituciones decir que apoyan a sus mujeres si cuando hay denuncias hacen todo lo posible por callarlas y evitar un golpe reputacional?

Las instituciones nombradas en las denuncias se molestan cuando las víctimas deciden hablar. “¿Por qué no denunciaron?”, preguntan, haciéndose eco de los miles de comentarios que se concentran en desacreditar a las mujeres que cuentan sus testimonios en redes sociales. Pero la realidad es que, cuando hubo denuncias internas, los casos no fueron tramitados como era debido, y cuando se dieron a conocer a las autoridades, la inoperancia de la justicia frustró cualquier esperanza de llegar a una resolución. En total, Las Igualadas dieron a conocer 11 casos de Bogotá (Teatro Nacional) y tres de Medellín (teatro El Trueque) con un común denominador: pese a que los testimonios estaban, las personas con posiciones de poder para hacer algo no hicieron nada. Eso tiene que cambiar.

¿Por qué las víctimas no denuncian? Es fácil entenderlo. Primero, porque el sistema judicial las revictimiza y las somete a procesos eternos. Segundo, porque cuando lo hacen son estigmatizadas, sus testimonios son puestos en duda, las ofertas laborales se reducen y sus vidas terminan marcadas por la denuncia. Tercero, porque las instituciones que supuestamente las deberían proteger no tienen los mecanismos adecuados para acompañarlas. Entonces, ante las revelaciones, el reto para todos los involucrados es mostrar qué cambios institucionales, reales y eficaces están implementando para tratar con seriedad estos casos. El silencio es cómplice de los victimarios. La comodidad de las administraciones de los teatros ha permitido que muchas mujeres tengan que sufrir sin tener apoyo alguno.

Mariángela Urbina Castilla, periodista de Las Igualadas, dio un ejemplo de cómo empezar a construir confianza con las víctimas. Pese a llevar varios meses montando una obra de teatro basada en una novela que escribió, la canceló cuando una víctima se acercó a contarle un caso de violación que involucraba al director de la obra. Creerles a las mujeres, protegerlas, cuesta y requiere acciones concretas. Pero es la única manera de construir un mundo más justo.

A todos los involucrados, incluso a los presuntos victimarios, les conviene que los mecanismos de justicia cambien. Si todas las instituciones del país, privadas o públicas, adoptan reglas claras y mecanismos de trámite para las denuncias, todos los casos pueden estudiarse y llegar a decisiones transparentes. Eso es solo el principio. Hay que fomentar culturas de trabajo y de educación en las que no haya cabida a los comportamientos de acoso y de abuso. Durante muchos años se ha permitido que las mujeres carguen con el peso de la desigualdad y la complicidad. Por eso están acudiendo a los reclamos anónimos. Cuando no hay otra forma de obtener protección, su voz es lo único que les queda.

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