Ya era hora de que el Gobierno Nacional quitara la obligación del uso del tapabocas en ciudades con alta tasa de vacunación y baja prevalencia del covid-19. La recomendación de los médicos es seguir usándolo para autoprotección, pero se trata de una medida extraordinaria que no debería ser dictada desde el Estado, cuando la pandemia está bajo control y las vacunas han cumplido su cometido. También celebramos que los colegios y las universidades se hayan unido al levantamiento de la restricción, ya que no tenía sentido dejar a los niños, niñas y adolescentes cumpliendo requisitos que no se les piden a los adultos. Lo clave ahora es seguir vigilando las cifras de contagios y, en especial, de hospitalizaciones, así como fomentando la vacunación, ya que las dosis de refuerzo no han sido aplicadas al mismo ritmo de antaño, porque las personas consideran que el riesgo desapareció.
Las limitaciones a la libertad individual que se adoptaron durante la pandemia tenían que levantarse tan pronto el riesgo fuese manejable. Así funcionan las democracias: por el bien común los ciudadanos se comprometen a alterar ciertos comportamientos siempre y cuando la justificación sea clara y no permanente. En eso el Ministerio de Salud ha sido juicioso, pues a pesar de lo difícil que fueron los primeros meses de confinamiento, con el surgimiento de evidencia científica se fueron levantando las restricciones. Nos demoramos mucho en volver a los colegios y universidades, eso sí, y queda la pregunta de por qué seguimos bajo decreto de excepción. Empero, en esa discusión lo más simbólico es el tapabocas, que junto con el distanciamiento social y el lavado de manos se convirtió en la herramienta más útil para frenar los contagios.
Ahora, como dijo el ministro de Salud, Fernando Ruiz, podrán dejar de utilizar tapabocas “525 municipios de Colombia que lograron el 70 % de coberturas con esquemas completos y 205 municipios que alcanzaron el 40 % de refuerzos”. Allí están incluidas capitales como Tunja, Armenia, San Andrés, Leticia, Manizales, Ibagué, Pereira, Bogotá, Bucaramanga, Barranquilla, Medellín y Popayán. Aquellos municipios que faltan deberán redoblar sus planes de vacunación: no hay excusas para que las cifras estén tan bajas.
A partir del 15 de mayo, también se eliminará el uso del tapabocas en espacios abiertos y cerrados en las escuelas, colegios y universidades. Era necesario. No había motivos para dejar atrás a niñas, niños y adolescentes, que han sufrido particularmente en la pandemia y no han podido retomar su vida educativa normal desde que todo empezó. Se trata de un pequeño cambio, pero que puede ayudar a una población afectada seriamente en su salud mental y con problemas de desarrollo en habilidades interpersonales.
Cuando a Anthony Fauci, asesor médico jefe del presidente de Estados Unidos, le preguntaron si usaría un tapabocas en un avión, a propósito del levantamiento de la restricción en su país, dijo que “sí”. Los tapabocas siguen sirviendo para evitar el contagio y pueden ser una elección personal. Pero no debían seguir siendo obligatorios. Que podamos eliminar la obligación es un triunfo contra la pandemia, ahora debemos estar vigilantes para que no tengamos que regresar a las limitaciones de los dos últimos años.
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