Alerta roja en Estados Unidos

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La democracia muere de muchas maneras. Pero una muy común es aquel lento desmantelamiento de las instituciones, que va acompañado de un cambio gradual en las posturas del régimen autoritario, hasta que de repente el balance de poderes desaparece, las reglas se desobedecen y el orden establecido es reemplazado por caprichos. Lo hemos visto en países de todo tipo. Ahora lo estamos viendo en Estados Unidos.

Tal vez es difícil dimensionar la gravedad de la presidencia de Donald Trump porque a todo momento parece una caricatura. Sus decisiones, sus declaraciones, sus peleas, no dan la sensación de hacer parte de un plan maestro orquestado para derribar los pilares de la democracia estadounidense, sino los caprichos de un multimillonario arrogante que quiere toda la atención del mundo para él y sus deseos. Era más fácil burlarse del Trump candidato que tomárselo en serio y así logró ganar. Durante los primeros años de su presidencia, era más sencillo ver a un líder sin experiencia y errático que no sabía muy bien qué estaba haciendo. Pero este año la máscara ha caído. Puede ser que los arrebatos de Trump sean improvisados, pero su objetivo es claro: quiere el poder para sí y para todos sus aliados. Incluso a costa de la Constitución.

Tal vez lo más decepcionante de la situación en Estados Unidos es ver cómo el Partido Republicano, que sobre el papel defiende la democracia, la libertad y las instituciones, ha bajado la cabeza ante los atropellos de Trump. Para ellos, el cálculo es claro: el mandatario les sirve para avanzar sus agendas conservadoras. Pero la política sin principios es mezquindad, más cuando lo que está en juego es la democracia del país más poderoso del mundo. No hay excusas para seguir a su lado.

Y aun así, ahí siguen. Hace cuatro años, faltando nueve meses para elecciones, Barack Obama intentó llenar un espacio vacío en la Corte Suprema de Justicia. Los republicanos se opusieron, argumentando que no debería tomarse una decisión trascendental en un año electoral. Ahora, a dos meses de las elecciones presidenciales, esos mismos republicanos están haciendo todo lo posible para aprobar a una nueva magistrada e inclinar más la balanza del tribunal hacia los conservadores.

Un último ejemplo. Ayer, The New York Times publicó las declaraciones de renta de dos décadas de Trump. Encontró que pagó apenas USD $750 en impuestos el año que ganó la presidencia. En los quince años anteriores, hubo diez en los que no pagó ni un dólar supuestamente por pérdidas. En contraste, Joe Biden pagó casi US$4 millones en impuestos en un solo año. Además, hay pistas de que Trump ha buscado evadir sus responsabilidades con el fisco. El reportaje cuenta que la agencia encargada de los impuestos está considerando auditar al presidente. Pese a esto, ya sus aliados republicanos salieron a defenderlo.

Hace poco, Trump dijo que no estaba seguro de entregar el poder así perdiera las elecciones. Ha utilizado todas las formas para desacreditar los futuros resultados, hablando de un presunto fraude y de una conspiración. ¿Qué más alertas rojas se necesitan para ver que la democracia de Estados Unidos está en peligro de muerte?

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