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Ante el nuevo mandato

El Espectador

07 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.
Si algo podría aprender el nuevo gobierno de su antecesor es el daño que hace el sectarismo. Es momento de mesura, diagnósticos realistas y decisiones que aplaquen las crisis.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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La llegada a la Presidencia de Abelardo de la Espriella ocurre en medio de un gran interrogante: ¿cuál será el talante del nuevo Gobierno? En campaña vimos su versión más problemática, con ideas de ultraderecha aderezadas con populismo y la construcción de enemigos a quienes dirigió sus discursos incendiarios. Después del triunfo, y en particular con el nombramiento de varios de sus ministros (con notables y preocupantes excepciones), apareció la promesa de ser un presidente respetuoso de las instituciones, concentrado en atender las crisis y ganarse el respeto de los millones de colombianos que no votaron por él. El nuevo presidente descubrirá rápido que el paso por la Casa de Nariño es vertiginoso, no da tiempos de aprendizaje y exige decisiones impopulares. Si bajo esa presión decide devolverse a su peor versión, le hará un daño a la democracia de este país.

El Espectador, desde su fundación, ha defendido un ideario liberal. Nuestro compromiso es con la democracia, la construcción de una institucionalidad sólida alejada de personalismos, las libertades individuales, el sistema de pesos y contrapesos, y el ejercicio de un periodismo independiente. Ese es el lente que usamos para leer la sociedad, llevar a cabo nuestro trabajo e informar a los colombianos que nos dan su tiempo. Nuestra lealtad es con nuestra audiencia, que comprende la importancia de un periodismo crítico. Eso nos ha ganado enemigos en todo el espectro político. Ningún presidente, así sea cercano a las ideas liberales, agradece que haya un medio de comunicación que lo vigile. Desde Álvaro Uribe hasta Gustavo Petro, nuestros periodistas han sido sujetos de la ira del gobernante de turno. Todo bien, nuestro trabajo no es complacerlos.

Eso no significa que no busquemos de manera constante comprender las razones de los actos políticos y sus beneficios sobre las personas. Nuestro cubrimiento periodístico al gobierno Petro fue constante, pero, contrario a lo que él y sus copartidarios dicen, también les abrimos espacio a las buenas ideas que ocurrieron en los últimos cuatro años. Lo mismo haremos con Abelardo de la Espriella. Partimos, sin duda, con un temor, y es el documentado pasado del nuevo presidente contra la prensa libre. Ahora que es el mandatario, debe recordar que no es su deber definir cuál es el buen y el mal periodismo, ni atacar a las voces que lo critiquen. La libertad de prensa y de expresión son innegociables en una democracia sana.

Si algo podría aprender el nuevo gobierno de su antecesor es el daño que hace el sectarismo. Si la Casa de Nariño se la pasa en rencillas con sus opositores y debilita a las instituciones, los colombianos se lo cobran en las urnas. Varias de las ideas de la campaña De la Espriella son inconstitucionales o requieren algo parecido a aquel fatídico Estado de opinión que formuló en su momento el presidente Uribe. Es momento de la mesura, de hacer diagnósticos realistas y tomar decisiones urgentes que aplaquen las crisis. ¿Para qué, por ejemplo, meterse en peleas inútiles como desmontar la JEP? No se puede perder el tiempo en búsqueda de golpes simbólicos, como lo que se intentó con la posesión en guarnición militar, o la anunciada “guerra cultural” desde el Ministerio de las Culturas. Eso es facilismo y agresión a millones de colombianos y allí no están las crisis urgentes que el país debe resolver.

El nuevo presidente tiene un mandato de dar resultados. También lo tiene de ser presidente de todos los colombianos. Que no se le olvide cuando la frustración empiece y el estrés natural de gobernar llegue con sus cantos de sirena hacia el populismo. En El Espectador estaremos atentos de todo lo que venga.

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