¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 3 horas

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No mucho se oye hablar de la subregión colombiana llamada La Mojana. Hay, sin embargo, muchas cosas que saber.

Está ubicada en la parte norte de Colombia, donde confluyen los ríos Cauca, Magdalena y San Jorge. Se caracteriza por ser una zona de humedales productivos que pertenece a la Depresión Momposina. Aparte de estos datos, que bien podrían salir en una guía turística cualquiera, La Mojana tiene unos elementos intrínsecos interesantes: sus condiciones ecológicas y geográficas la convierten en una zona que sirve para frenar las inundaciones y facilitar la acumulación de sedimentos.

No sólo eso, sino que tiene una facilidad deslumbrante para generar biodiversidad de fauna y flora, haciéndola una fuente invaluable de trabajo y alimentación para sus pobladores. Usadas bien, como asegura María Aguilera Díaz en un estudio ambiental y económico sobre la subregión, podrían generar usos bastante provechosos para los pobladores, que viven, a pesar de ello, entre la pobreza.

Las fotos que se vieron de La Mojana por las épocas en que las lluvias no cesaban (2010 y 2011) eran bastante dicientes: sus habitantes remando para transportarse o caminando con el agua a las rodillas en medio de la desesperación. Lamentable. Miles de damnificados por el invierno perdieron sus viviendas, sus tierras, parte de sus vidas. Suena paradójico que una zona como ésta, que está destinada por la naturaleza precisamente para evitar este tipo de catástrofes, se venga abajo cuando las lluvias arrecian. Esto demuestra con creces cuánto es lo que el factor humano ayuda a deteriorar un ambiente determinado.

Es por eso que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Ideam, la Cancillería y la siempre buena ayuda del PNUD lograron sacar adelante la aprobación de un segundo proyecto para Colombia dentro del marco del Protocolo de Kioto. La finalidad general de este último es apoyar el financiamiento de proyectos concretos de adaptación en países en desarrollo.

Dicho sin rodeos, con las cifras en la mano, se aportarán US$8,5 millones para poder trabajar en cuatro frentes distintos: información sobre la dinámica hidrológica de la región, restauración de los humedales, promoción de prácticas agroecológicas adaptadas a la región y fortalecimiento del liderazgo de las propias comunidades y organizaciones civiles.

Con esto se quiere convertir a La Mojana en una región que sea ejemplo de adaptación al cambio climático, esas dos palabras que se usan a discreción para generar distintos réditos políticos.

Lo importante, claro, es que no se quede ahí no más, sino que realmente sea una medida para hacer florecer sus características. Las actividades agrícolas irresponsables han arruinado una región que es tan importante para frenar los efectos devastadores de los inviernos. Con la correspondiente educación en el uso correcto de los suelos, muchas otras actividades agrícolas provechosas (que allí tienen un indudable potencial) podrían darse con facilidad.

No sólo esto, sino que también sus habitantes aprovecharían mucho más los recursos que tienen a la mano, esos que con esta nueva ayuda podrían renacer: en actividades de pesca y de turismo, debido a sus atractivos arqueológicos y sus humedales.

Es un alivio que en este caso el Gobierno haya decidido no concentrarse solamente en la contención de las lluvias y en la emergencia. Una vez pasó ésta, y ahora que se experimentan unos nuevos vientos de veranillo, es hora oportuna de tomar medidas a largo plazo. De pensar mientras sale el sol. Ésta es una de ellas. Ojalá lleguen muchas más. Las lluvias del invierno no serían tan perjudiciales si hace años se les hubiera enseñado a las poblaciones a cuidar su entorno. Por lo tanto, este primer paso es muy importante.

 

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