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Vecinos que ayudan

FRANCIA Y ESPAÑA ESTÁN DE PLÁcemes en su lucha conjunta contra el terrorismo, luego de un exitoso operativo que condujo a la detención, en suelo francés, de Mikel Carrera y Arkaitz Aguirregabiria, el número "uno" y su sucesor dentro de la banda terrorista ETA.

El Espectador

21 de mayo de 2010 - 07:28 p. m.
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Ante resultados tan contundentes en contra de un enemigo común, de este lado del Atlántico no dejamos de preguntarnos por qué nuestro vecino al oriente, Venezuela, no puede comprometerse de verdad con acciones de similar calado.

La estrecha colaboración entre los dos países europeos no fue sencilla. En sus inicios vivió épocas complejas, pues los etarras, luego de llevar a cabo atentados durante la dictadura de Franco, pasaban la frontera para encontrar refugio en la zona vasco-francesa, a sabiendas de que el gobierno de Valéry Giscard se haría el de la vista gorda. Con la llegada del PSOE al poder, en 1982, los socialistas también fueron blanco de sus ataques y, ante la poca colaboración de los socialistas de François Mitterrand, el gobierno español creó los llamados GAL, que aplicando una condenable justicia extraterritorial mataron en Francia a integrantes de ETA.

Sin embargo, a finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, se fueron creando nuevos lazos de colaboración binacional que terminaron consolidándose con las leyes antiterroristas adoptadas en la ONU y la Unión Europea, luego de los atentados de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Desde entonces la estrecha colaboración en materia judicial, de inteligencia y policial no ha cesado, sin importar el color político del gobierno de turno. Unos meses atrás, un comando etarra asesinó, por primera vez, a un policía francés. La indignación en el país galo fue tal que el propio presidente Nicolás Sarkozy dijo que “la lucha contra ETA será sin piedad”. Y así ha sido, como lo demuestran los hechos recientes.

Con este ejemplo europeo a la vista, no deja de causar envidia, cuando no frustración y malestar, la pasiva actitud del gobierno del presidente Hugo Chávez frente a las Farc y los reiterados señalamientos de su presencia en territorio del país vecino. El primer mandatario venezolano ha dicho que su gobierno no apoya ni ayuda a los guerrilleros colombianos. Que es “neutral”, pues este es un tema que compete exclusivamente a Colombia y que su propio país es víctima de nuestro conflicto interno. En esta última parte no le faltaría razón, pero ahí está Francia, país que sufre la presencia armada de la banda terrorista española, y lleva más de veinte años de una ejemplar actividad conjunta para acabar con el flagelo. Ni más ni menos.

A la vez, ETA ha sido señalada por altas autoridades judiciales españolas de tener vínculos estrechos con las Farc y de haber contado con el apoyo del gobierno venezolano. Según el Washington Post, los atentados que llevarían a cabo los etarras en suelo español, por solicitud de las Farc, tenían como objetivo no sólo al presidente Álvaro Uribe y al ex presidente Andrés Pastrana, sino al hoy candidato Antanas Mockus. Como lo dijimos en su momento en este espacio, corresponde a las autoridades competentes en Madrid probar dichos asertos. Sin embargo, hasta el momento no se conoce resultado alguno de la colaboración ofrecida por las autoridades del país vecino a la investigación.

Los valiosos mecanismos de cooperación binacional existentes con Venezuela duermen el sueño de los justos gracias a Chávez y su retórica confrontacional. La falta de credibilidad en Colombia sobre la actitud de Venezuela frente a la guerrilla es apenas justificada, en especial cuando desde el Palacio de Miraflores se han tenido gestos y manifestaciones de clara simpatía por las Farc. Como van las cosas, es difícil pensar que a corto plazo puedan reactivarse los canales de comunicación en dicha materia entre los dos gobiernos. De ahí que tengamos que esperar al resultado de las elecciones presidenciales para saber si habrá un replanteamiento que permita retomar la senda del indispensable entendimiento bilateral. No hay otro camino.

Por El Espectador

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