Aunque la diferencia que le sacó Santos a su inmediato rival, Antanas Mockus, es de más del doble, no le fue suficiente para impedir una segunda vuelta. Tampoco llegó a concretarse el empate con el candidato de los verdes, del que tanto se habló en las últimas semanas de la emocionante campaña electoral. En cifras, cuando faltaba menos del 1 por ciento de las mesas, Santos tenía 6’758.417 votos y Mockus llegaba a los 3’120.467. Una diferencia de 25 puntos porcentuales.
Además de la altísima votación obtenida por Santos, que ya muchos analistas le atribuyen al uribismo, hubo varias sorpresas durante la celebración de las elecciones. Destacable, de entrada, el papel de la Registraduría Nacional en la entrega de los resultados de manera oportuna. La presión sobre el organismo, tras su pobre actuación durante las elecciones para Congreso, era absoluta de parte de la ciudadanía y los candidatos. Como se recordará, las elecciones de marzo estuvieron salpicadas por todo tipo de denuncias y anomalías. Se supo, incluso, de un ataque informático a la plataforma de divulgación, según lo denunciado por el registrador Carlos Ariel Sánchez. En esta oportunidad, en cambio, con inusitada rapidez fueron despejadas incluso las denuncias de posible fraude. Boletín tras boletín, en no más de tres horas prácticamente todas las mesas habían sido reseñadas sin contratiempos.
Como era de preverse, no faltaron los hostigamientos de las Farc, que obligaron al cierre de la vía que comunica a Tumaco con la ciudad de Pasto. Pero en general, y más allá de que esta insufrible interrupción sea parte de la tradición democrática, las autoridades garantizaron la normalidad a lo largo del territorio.
En materia de resultados electorales, es de destacar que tampoco se cumplieron las premoniciones que planteaban una votación histórica, acaso capaz de modificar los índices de abstención. Se dio una votación cercana a los 15 millones, superior en números a las de las elecciones presidenciales de 2002 y 2006, pero ciertamente no destacable como histórica. Las expectativas frente al voto de la población más joven, que se pensó apoyaría en masa al candidato verde —como ha venido haciéndolo en las redes sociales—, se frustraron en las urnas, como algunos lo anticipaban.
Ahora todas las miradas se centran en los preparativos para la segunda vuelta. El desempeño de Germán Vargas, candidato de Cambio Radical, y de Gustavo Petro, del Polo Democrático, quizá sea un reflejo de la buena impresión que causaron en los diversos debates televisivos en que participaron, que fueron muchos y tuvieron su efecto. Las encuestas los daban por perdedores. Sus votaciones contrastan con los exiguos resultados de Noemí Sanín y Rafael Pardo, máximos representantes de los dos partidos tradicionales. A Pardo, quien también brilló con elocuencia en los debates, quizás le han cobrado las posiciones de su partido opositoras al Gobierno.
Ahora, el juego de las alianzas comienza. Aún quedan tres semanas de contienda y si bien la aplastante victoria de Juan Manuel Santos lo deja con el camino claro hacia la Presidencia, el juego democrático está abierto. Esperamos que la contundencia de su votación no le haga olvidar su propuesta de unidad nacional que le permita al país, con él o con su contendor, superar la profunda polarización que se vive en la sociedad.