Un golpe estratégico

ALGÚN DÍA SERÁ POSIBLE en Colombia no alegrarse por la muerte de seres humanos.

Pero cuando alguien ha entregado su vida a generar muerte y sevicia, como Víctor Julio Suárez Rojas, alias Mono Jojoy , el máximo líder militar de las Farc abatido esta madrugada en un bombardeo de la Fuerza Pública, es apenas natural que el país sienta alivio y regocijo como el que se expresó en todos los rincones de la patria al conocerse la noticia de su abatimiento en una muy bien planificada operación de nuestra Fuerza Pública.

Y no es solamente por las vidas que con su muerte se pueden salvar, sino además por el efecto simbólico que este gran golpe a la cabeza de las Farc puede tener de cara a un posible final de nuestro conflicto. Hace apenas una semana, la sociedad colombiana asistía perpleja a la cita del terror propuesta por las Farc, con los ataques selectivos y llenos de sevicia contra miembros de la Fuerza Pública indefensos al ser tomados por sorpresa en alejados parajes de nuestra geografía. El hecho de que tan lamentables muertes en realidad fueran más muestra de un terrorismo desesperado que de un renacer estratégico de las Farc, no impidió que voces de pesimismo sobre la fortaleza de la estrategia de seguridad del Estado se levantaran incisivas. El momento en que llega este golpe, justo después de que el presidente Santos reorganizara a las fuerzas en una cumbre estratégica en Larandia, en el Caquetá, es pues muy significativo.

Frente a golpes selectivos localizados en lugares vulnerables por parte de las Farc, inteligencia y ataques certeros a sus cabezas. Tremenda diferencia. Muy miope sería, sin embargo, considerar este operativo apenas como una respuesta a los ataques recientes. Por el contrario, lo que demuestra es un trabajo paciente de inteligencia con objetivos definidos. Y el resultado está a la vista. La Fuerza Pública ha logrado quebrar el espinazo militar de las Farc. Si la muerte de Raúl Reyes fue determinante para descifrar las redes políticas y de apoyo de las Farc en el mundo, la caída del Mono Jojoy significa el desplome de la planeación operativa del grupo subversivo. Con el gran estratega militar fuera de combate, las posibilidades de recuperación de su aparato de muerte han quedado seriamente afectadas.

Tanto más en cuanto ha caído quien tras años de persecución implacable ya comenzaba a caracterizarse como invencible. Años llevábamos pendientes de la noticia del abatimiento del Mono Jojoy y siempre debíamos conformarnos con la confirmación de que había logrado escapar al cerco de la Fuerza Pública. Confirmación que tanto nos llenaba de frustración, como a las filas de las Farc de renovado entusiasmo sobre su aparente invulnerabilidad. Hoy, la euforia nacional no es menor que las dudas que por dentro de las Farc deben tener sus militantes. Si cayó uno de los más protegidos, cualquiera puede caer.

De ahí la importancia simbólica de este golpe, que es tan importante, o quizás más incluso, que su efecto  puramente militar. Si bien habrá quienes dentro de las Farc busquen radicalizar su lucha —y en ese sentido es importante no cantar victoria—, inevitable será que la reflexión sobre el poco sentido de su guerra crezca en sus filas. El resultado final de dicha reflexión es difícil de adivinar, pero lo lógico es que lleve a que entiendan que sus posibilidades están agotadas. Que lo que está al frente es su final con cuentagotas. Que se ahorrarían muchos sufrimientos si en serio plantearan su reintegración a la sociedad. Que llegó la hora de abandonar la guerra.

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