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La buena sombra de Lula

LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECciones presidenciales que se lleva a cabo hoy en Brasil tiene dos candidatos opcionados: Dilma Rousseff, del gobiernista PT, y José Serra, del opositor PSDB, así como un ganador anticipado a pesar de no estar en contienda: el actual presidente Lula da Silva.

El Espectador

02 de octubre de 2010 - 06:00 p. m.
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LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECciones presidenciales que se lleva a cabo hoy en Brasil tiene dos candidatos opcionados: Dilma Rousseff, del gobiernista PT, y José Serra, del opositor PSDB, así como un ganador anticipado a pesar de no estar en contienda: el actual presidente Lula da Silva. El primer mandatario, que ha cobijado bajo su sombra de popularidad, superior al 80%, a Dilma, se erigió como el gran elector en la medida en que ambos aspirantes, con mayor o menor intensidad, buscan dar continuidad a su extraordinario legado. Rousseff podría terminar la jornada como nueva presidenta electa.

Cuando comenzó la campaña el año anterior, las dudas sobre la candidata de Lula eran muchas, pues Serra, con una hoja de vida impecable, llegó a sacarle 20 puntos de ventaja. Conocida como la Dama de Hierro, Dilma Rousseff fue guerrillera en los sesentas y se había desempeñado como Jefa de Gabinete del presidente, con gran nivel de eficiencia y el suficiente carácter para continuar la obra de su mentor. Sin embargo, un cáncer que la afectó en su momento, así como su poca empatía inicial con el electorado, llevaron a Lula a actuar casi como su jefe de campaña, volcándose de lleno a la actividad proselitista. La estrategia produjo resultados y Serra, sin mayor carisma personal, terminó cediendo terreno hasta quedar relegado en las encuestas.

Los logros de Lula son incuestionables: más de 30 millones de personas salieron de la pobreza absoluta; una creciente clase media que representa un poco más de la mitad de la población; una economía sustentada en el crecimiento del país y un envidiable nivel de exportaciones que le permitirá cerrar este año en una cifra superior al 7%. A lo anterior hay que sumarle los logros en política exterior y el posicionamiento internacional que ha logrado Brasil al jugar como un actor significativo en el ajedrez mundial. Con todo este arsenal en la mano era entendible que al final del día, para un país que de todos modos padece graves problemas de equidad y pobreza, la inevitable asimilación por parte del electorado de José Serra como el candidato de los ricos y de Dilma como la representante de los pobres, era inevitable. Las encuestas así lo demuestran.

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Serra tuvo que buscar la forma más elegante de capitalizar la imagen del primer mandatario, con mensajes sorprendentes como: “Serra y Lula, dos hombres de historia, dos líderes con experiencia". Pero ni así puedo reducir la ventaja. Sin embargo, dos hechos acudieron en su ayuda justo al final de la campaña: un caso de aparente corrupción y una inconsistencia de su contrincante. En el primero, Erenice Guerra, cercana a Dilma y quien la reemplazó como Jefa de Gabinete, dimitió hace un par de días por un escándalo sobre supuestos sobornos que involucró a miembros de su familia. De otro lado, la candidata de los Verdes, Marina Silva, acusó a Rousseff de cambiar de posición frente al tema del aborto. A pesar de la renuncia de Guerra, y de que Dilma ha reiterado sus convicciones frente al aborto, las encuestadoras consideran que pudo haber bajado unos cuantos puntos porcentuales que la colocarían en el margen de error del 50%, poniendo en entredicho su triunfo en la primera vuelta.

Lo cierto es que así sea ahora, o en una segunda ronda prevista para el 31 de octubre, la candidata de Lula es de lejos la favorita para ganar la Presidencia. Al lograrlo, tiene el gran reto de demostrar que su triunfo, a pesar del favoritismo del presidente, no implica que vaya a ser una figura decorativa de transición que permanecerá en el poder mientras Lula vuelve a presentarse como candidato en las siguientes elecciones. Su talante emprendedor e independencia le permitirán demostrar que la continuidad con las políticas actuales se va a hacer con un sello personal, profundizando a su vez en los campos sociales, donde el compromiso del PT es definitivo. La suerte de Brasil es, de muchas maneras, la de la región en su conjunto.

Por El Espectador

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