Carlos Rojas: la vigencia de la pintura

EL PASADO JUEVES 5 DE JUNIO SE INAUguró la colección “Carlos Rojas: una
visita a sus mundos”, en la sala de exposiciones temporales del Museo
Nacional.

La curaduría —realizada por Felipe González, Julián Serna y Nicolás Gómez— sugiere que el arte abstracto del que fuera el pintor más destacado de la década de los ochenta está influenciado por los objetos y los espacios que le rodeaban. El coleccionismo, el cultivo de bonsáis, el diseño de artesanías y el registro de las experiencias del autor a partir de los espacios que solía frecuentar, conforman entonces buena parte de la novedosa y atinada exposición.

La presentación de pinturas y ensamblajes junto a mesas, floreros, semillas, plantas, piezas precolombinas y artículos de arte colonial permite que una obra que ha sido abordada como reflexión en términos de ritmo, color y composición sea también pensada como preocupación e interés por los temas habituales del bodegón y el paisaje rural y urbano.

Retomar el trabajo de Rojas es echarles un vistazo a las diversas propuestas plásticas que surgieron durante el siglo XX y que se proponían encontrar determinado tipo de pureza en el arte a partir de la pregunta por la forma y la materia. En la exposición en cuestión podemos encontrar una referencia directa —gracias a que Rojas también coleccionaba pinturas— a este tipo de proyectos en la obra “Homenaje al cuadrado”, del alemán Joseph Albers, que, como su nombre lo indica, es un ejercicio articulado a partir de la forma.

Mucho se ha cuestionado recientemente, en los círculos artísticos y académicos, la vigencia de la pintura y, en general, del desarrollo de proyectos que surgen de reflexiones sobre problemas exclusivos a los medios que hacen posible el arte. Otros enfoques, de carácter filosófico, conceptual o político, han adquirido mayor aceptación, algunos con altísimos niveles de calidad y reconocimiento. La actual exposición de Rojas, sin embargo, en contravía de posturas radicales que añoraban y proclamaban el fin de la pintura, demuestra que la propuesta de este artista sigue teniendo vigencia en el siglo XXI como obra abstracta y, al mismo tiempo, como obra que nos permite pensar el entorno del artista y la manera como éste se lo apropia y lo utiliza para su creación pictórica; demuestra, también, que esta obra soporta un análisis desde las exigencias contemporáneas.

Basta con entrar a la sala y descubrir que los objetos coleccionados, que los hay de todas las formas y sentidos, tienen una relación directa con el hoy, más allá de ser un simple archivo histórico o la memoria viva de un coleccionista.

Desde los muebles franceses y las artesanías de Nariño, hasta las latas y maderas recogidas en depósitos de escombros (que Rojas utilizaba para sus ensamblajes), todo parece encajar en una mirada particular, en un enfoque orquestado por el artista en busca de algún sentido oculto. El arte abstracto, después de visitar la exposición, pasa a ser un pensamiento ante el mundo y la realidad, ya que no un simple capricho del artista que pudiera ser críptico y hermético.

Los procesos históricos en el arte suelen asumir la forma de una batalla intergeneracional en la que la propuesta más novedosa muchas veces se impone a la inmediatamente anterior. El hecho de que haya personas jóvenes organizando esta muestra, que además es visitada por niños y familias, promete una reconciliación del arte con su pasado.

La muestra incluye, dentro de lo que perteneció a la colección de arte de Carlos Rojas, obras de artistas como Édgar Negret (merecedor de una exposición dentro del programa de Homenajes Nacionales del museo), Guillermo Wiedemann (de quien el museo también había organizado una exposición individual con el apoyo de la Universidad de los Andes en 2005), Feliza Bursztyn, Bernardo Salcedo y Beatriz Daza (a la que también se le inaugurará una exposición retrospectiva en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño a finales de este mes). Junto a ellos, y otros muchos, el arte parece seguir su cauce en ocasiones al margen de los vaivenes de la complicada vida política nacional.

Que sea esta entonces la oportunidad para que se siga incentivando la exploración e investigación de la obra de artistas colombianos que, como en el caso de Beatriz Daza, Norman Mejía, Pablo Solano, Sonia Gutiérrez y Cecilia Porras —para mencionar sólo a algunos— aún tienen mucho que ofrecerle a su público.

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