Los empresarios reportan menores niveles de pedidos, y son menos optimistas a la hora de juzgar la situación económica del país. La encuesta de Fedesarrollo, centrada en el sector industrial, coincide con una encuesta similar, realizada por el Centro de Estudios Ganaderos y Agrícolas, CEGA, que muestra un creciente desaliento entre los empresarios del sector agropecuario.
Los resultados de la encuesta fueron recibidos por el Gobierno y los gremios económicos con preocupación. El Presidente le pidió a la junta directiva del Banco de la República que redujera la tasa de interés. El Ministro de Agricultura hizo eco a las declaraciones del Presidente y manifestó que la junta “debería conectarse con el pueblo colombiano y ver lo que nosotros vemos en las regiones”. Incluso el Ministro de Transporte, en una incursión por fuera de su cartera, dio a conocer su opinión sobre el tema: “Yo creo que se les está pasando la mano a esos señores subiendo las tasas de interés”. Los industriales, en cabeza de su presidente gremial, también increparon al Banco de la República y pidieron igualmente una reducción de la tasa de interés.
Pero las declaraciones del Presidente, los ministros y los gremios parecen exageradas. Demagógicas, incluso. Las perspectivas de la economía colombiana siguen siendo buenas. La mayoría de los analistas prevé una tasa de crecimiento superior a cinco por ciento en 2008. Los resultados de la encuesta de Fedesarrollo eran previsibles; muestran que la política monetaria está cumpliendo el objetivo explícito de disipar el exceso de demanda que aquejaba a la economía colombiana. Por ahora, no hay razones para creer que el aumento en las tasas de interés fue excesivo. Las declaraciones del alto gobierno, antes que debilitar al Banco, lo fortalecen; indican la necesidad de una autoridad monetaria independiente que maneje la economía con criterios más técnicos que políticos. Así, la decisión del Banco de la República de no modificar la tasa de interés es doblemente importante. Confirma su compromiso con la protección del poder de compra de los colombianos y confirma su independencia del Ejecutivo.
Pero más allá de la política monetaria, del debate sobre las tasas de interés, la encuesta de Fedesarrollo reveló un dato preocupante: los industriales están planeando, en los meses siguientes, despedir trabajadores. La encuesta sugiere un comportamiento preocupante: en los buenos tiempos la industria no genera empleos y cuando la tendencia cambia, así sea levemente, los industriales piensan inmediatamente en la reducción de personal. En términos generales, la exigua generación de empleo formal sigue siendo uno de los principales problemas de la política económica. Las cifras del DANE muestran, por ejemplo, que el empleo formal para los trabajos no calificados (sin educación superior) dejó de crecer. Lleva ya seis años estancado.
El problema del empleo es estructural. Poco tiene que ver con el manejo de la tasa de interés del Banco de la República, como lo han querido señalar los miembros del Gobierno. La desaceleración de la economía es normal. Lo que no es normal es el estancamiento del empleo formal; en particular, el estancamiento del empleo formal para los trabajadores sin educación universitaria. En lugar de buscar chivos expiatorios en el Banco de la República, el Gobierno debería revisar su política de empleo basada, en buena medida, en los estímulos a la inversión. Esta política ha llevado a que muchas empresas colombianas inviertan mucho y contraten poco: las juntas directivas discuten, al mismo tiempo, alentadores planes de inversión y preocupantes planes de reducción de personal.
En suma, el Banco de la República ha hecho lo que toca. Pero los responsables del empleo —y el Gobierno en buena medida— todavía están en deuda.