Ecopetrol es la segunda compañía colombiana y la segunda petrolera latinoamericana en llegar a la Bolsa de Nueva York. Bancolombia lo había hecho hace algunos años y Petrobras, la compañía brasileña, lo hizo en agosto de 2000. El ingreso de Ecopetrol ocurrió en un momento difícil, en medio de una gran crisis financiera y de una caída de los precios del crudo, pero la acción ha tenido un comportamiento auspicioso.
El ingreso de Ecopetrol a la Bolsa de Nueva York es una buena noticia. No sólo para la compañía y sus administradores, sino también para el Estado y para los miles de colombianos que compraron acciones y confiaron en el desempeño futuro de la mayor empresa del país. En adelante, Ecopetrol tendrá mayores exigencias de transparencia y revelación de información. Muchos ojos estarán puestos en sus decisiones. Y su desempeño será juzgado, en el futuro, en comparación con las grandes compañías del mundo.
El ingreso a este mercado bursátil es el comienzo de una nueva era para Ecopetrol. Pero es también, cabe reconocerlo, un punto de llegada. Es la culminación de un proceso exitoso que comenzó hace varios años. El primer paso fue una transformación institucional que separó las labores empresariales de aquellas relacionadas con la administración de las reservas de hidrocarburos.
Esta transformación creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos y permitió que Ecopetrol se concentrara en su rol empresarial. El fin del conflicto de interés implícito en las anteriores reglas de juego no sólo ha dinamizado la actividad exploratoria en el país, sino también ha facilitado (y mejorado) las alianzas de Ecopetrol con otras compañías petroleras.
La democratización accionaria consolidó los cambios institucionales. Y le dio mayor autonomía a la Dirección de la empresa. Anteriormente el presupuesto de Ecopetrol era decidido por el Gobierno central con visión cortoplacista. El futuro de la compañía estaba subordinado a las necesidades fiscales del Gobierno. Ecopetrol era obligada constantemente a asumir todo tipo de funciones por fuera de su especialidad y jurisdicción. Pero con las nuevas reglas de juego (y más adelante con la democratización) todo cambió. Ecopetrol tiene hoy autonomía presupuestal. Ha podido invertir profusamente en exploración. Y es una empresa en sentido estricto. No simplemente un botín político o una fuente expedita de ingresos para el Estado.
A pesar del camino recorrido, los retos de Ecopetrol son inmensos. Y su éxito en el mercado accionario dependerá de su capacidad para hacerles frente con presteza y decisión. Ecopetrol tiene todavía que consolidar sus recursos humanos en un mundo donde la competencia por mano de obra calificada es cada vez mayor. Históricamente la empresa no ha sido muy exitosa en atraer y retener talento especializado.
Ecopetrol tiene, además, que demostrar que su incursión en el área petroquímica será provechosa. Al respecto todavía persisten algunas dudas. Y debe, también, consolidar su estrategia de exploración, debe hacer valer el conocimiento acumulado de la geología colombiana.
Por ahora, urge celebrar el comienzo de esta nueva era. Ecopetrol ya llegó a las grandes ligas. Ahora el gran desafío es triunfar. Para el bien de los pequeños accionistas y del Estado que sigue siendo, de lejos, el accionista mayoritario.