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Las oportunidades de la Cumbre en Lima

SE INICIA ESTE VIERNES LA V CUMBRE AMÉRICA Latina y el Caribe-Unión Europea en Lima, Perú. En medio de tantos desencuentros políticos y tanta división en América Latina, un diálogo con la Unión Europea sobre desarrollo sostenible y cambio climático es un respiro más que bienvenido.

El Espectador

15 de mayo de 2008 - 04:27 p. m.
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Si bien los resultados tangibles de este tipo de cumbres son discutibles, esta reunión ofrece una oportunidad inmejorable para construir consensos inaplazables sobre cómo generar crecimiento económico y superar la pobreza, dos temas clave para Colombia y en general para toda la región latinoamericana.

Aunque la ausencia de los mandatarios de Francia, Inglaterra e Italia será notoria, la cumbre marcará un récord de asistencia desde la creación de este grupo en 1999, convocando a 45 presidentes de ambos lados del Atlántico. Pero muy a pesar de tan masiva asistencia, ya hay señas de que las negociaciones no serán fáciles.

Para empezar y como ya se ha vuelto costumbre, antes de cada reunión multilateral en el área, el presidente venezolano, Hugo Chávez, no tardó en entrar en polémica, esta vez con la canciller alemana Angela Merkel. Mientras Merkel solicitaba al resto de mandatarios europeos no convertir a Chávez en el portavoz de los latinoamericanos en la reunión, éste la acusaba de representar la derecha alemana, según él, la misma de Hitler. La polémica, por supuesto, amenaza con opacar los logros que eventualmente puedan darse en temas realmente importantes como, para citar sólo un caso, la intensificación de los lazos comerciales con Europa.

Adicionalmente, el presidente Uribe le anunció la semana pasada al director general de Relaciones Exteriores de la Comunidad Europea, Eneko Landaburu, que Colombia está interesada en buscar  negociaciones comerciales con el bloque europeo unilateralmente, sin la compañía del resto de países miembros de la Comunidad Andina.

Lastimosamente, mientras la integración europea se consolida a pasos agigantados, América Latina va a llegar a la Cumbre en Lima más dividida que nunca.

América Latina, y en especial la región Andina, está atravesando por un momento de desacuerdo y de tensión sin precedentes. La crisis fronteriza que produjo la incursión de las Fuerzas Militares colombianas en territorio ecuatoriano se solucionó parcialmente gracias a la intervención del Grupo de Río, pero las cicatrices no han terminado de sanar. De hecho, mientras la distancia política e ideológica entre el Gobierno colombiano y sus vecinos sea tan grande, es probable que no lo hagan en el corto plazo.

Lo peligroso es que estos desacuerdos políticos —que seguramente se exacerbarán con el anuncio hecho ayer por la Interpol sobre la veracidad de los archivos contenidos en los computadores de Raúl Reyes— se traduzcan en la imposibilidad de lograr la unidad regional necesaria para superar problemas comunes  que se intentarán analizar en Lima, con el apoyo crucial de la Unión Europea. Problemas que, además, por su inevitable naturaleza transnacional, no los puede solucionar ningún país latinoamericano por sí solo.

Colombia, por su parte y muy a pesar de las crecientes dificultades, no puede renunciar al escenario regional y las oportunidades que éste ofrece. Nuestra alianza con Estados Unidos en materia de drogas y lucha antisubversiva no puede llevarnos a subestimar  las posibilidades de los foros multilaterales regionales.  Menos aún cuando Europa se encuentra a bordo y lista a participar en la construcción de economías mucho más equitativas y sostenibles en la región.

La Cumbre en Lima ofrece un espacio interesante para que Colombia envíe un mensaje clave a la comunidad internacional y sobre todo a nuestros vecinos: que a pesar de las dificultades, seguimos creyendo en la región y en su potencial de desarrollo conjunto. Y, más importante aún, que no permitiremos que la falta de consenso en materia de seguridad regional se constituya en obstáculo para lograr mayor y mejor riqueza para Latinoamérica.

Por El Espectador

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