Seguridad y politiquerías

ALERTÁBAMOS EN ESTE MISMO ESPAcio el día de ayer sobre la creciente
sensación de inseguridad que invade a los bogotanos y la imperante
necesidad de expandir las políticas encaminadas a una posible solución
más allá de la política de Seguridad Democrática practicada por el
gobierno del presidente Álvaro Uribe.<br />

Los hechos de violencia no política de los últimos días, a los que debe sumarse el asesinato del hincha del Santa Fe Alexánder Cristancho, ocurrido el domingo pasado luego del partido de su equipo con el América en el estadio de la capital, merecen un nivel de seriedad y compromiso que los órganos competentes, al parecer, se niegan a aceptar.

Inaudita en ese sentido la salida en falso protagonizada por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien decidió copar la aparente ausencia de la máxima autoridad capitalina en Suba para realizar “un consejo comunitario y de seguridad” al mejor estilo de los que se practican en el plano nacional. Es entendible la preocupación por la seguridad en dicha localidad tras los recientes atentados terroristas en la zona, pero convertir su solución en un espectáculo público con tintes políticos es una absoluta irresponsabilidad.

Ha desconocido e irrespetado el Ministro los canales institucionales que existen para abordar este tipo de temas y ha golpeado, quizás involuntariamente, las reglas de juego que él como cualquier otro está obligado a cumplir. El propio secretario de Salud, Héctor Zambrano, en reemplazo del Alcalde, invitó a que “el ministro Santos y el presidente Uribe lean los decretos y la Constitución”, con lo cual un tema de la mayor seriedad, y causa de las mayores preocupaciones ciudadanas hoy en Bogotá, ha quedado convertido en una simple disputa por el protagonismo político.

Que la seguridad en la capital se convierta en un escenario de oportunismo y visibilidad no es más que un gesto de desdén frente a la ciudadanía bogotana. Por lo demás, si el Ministro se encuentra en campaña política, lo cual niega vehementemente, lo mínimo que podría hacer es respetar el derecho que tienen los bogotanos a exigirle soluciones de fondo al alcalde que escogieron, porque es él el encargado de brindarles la seguridad que hoy no sienten.

Y es en ese sentido que el hecho puntual del consejo comunitario y de seguridad del fin de semana pasa a ser más que una simple disputa política. Aparentemente exitosos a escala nacional, los consejos comunitarios no tienen necesariamente que ser replicados en el ámbito distrital. Como tampoco lo tienen que ser las medidas utilizadas por el gobierno del presidente Álvaro Uribe para enfrentar la violencia que deriva de un conflicto que sistemáticamente se desconoce como tal.

El llamado del ministro Santos a los habitantes de los 600 barrios que componen la localidad de Suba para que se unan a la red de cooperantes y de esa manera apoyen las acciones de la Policía merece una rápida reacción —y si se va a aceptar, una urgente explicación— de parte de la administración distrital. Eso sería trasladar los postulados básicos de la política de Seguridad Democrática —a lo cual se agregarían las polémicas recompensas— a una ciudad que no hace muchos años se jactaba de propiciar la cultura ciudadana y la solidaridad entre sus habitantes.

Instituir la desconfianza y la sospecha como fundamento de las relaciones interpersonales, convertir a Bogotá en una ciudad que encarna la odiosa figura del “sapo”, no es una manera efectiva de buscar la disminución en el número de homicidios y delitos comunes. Mejor haría la administración distrital en continuar con su idea de desarmar a la ciudadanía y en revisar el complicado tema de los permisos para otorgar las licencias de porte de armas que convierten a la capital en un lugar inseguro.

Y, de todos modos, en vez de continuar en el pulso político en busca de un ganador de oportunidad, lo que la ciudadanía espera es que gobiernos nacional y local  busquen  soluciones de común acuerdo para un problema que así lo demanda.

Temas relacionados

 

últimas noticias

Medida necesaria, transición errada