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Antigripales y drogas sintéticas

LA BATALLA CONTRA LAS DROGAS declaradas ilegales, en general desconcertante por lo dolorosa e ineficaz, se extiende a espacios de la vida legal y aborda esquemas prohibitivos de dudosa justificación.

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El Espectador
31 de marzo de 2009 - 11:00 p. m.
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El viceministro de Salud, Carlos Ignacio Cuervo, oficializó que en adelante los antigripales hechos a base de pseudoefedrina y efedrina —que son la mayoría, cerca del 85 por ciento— sólo podrán adquirirse con fórmula médica, luego de que este diario revelara el pasado domingo la alarma por su utilización para la fabricación de drogas sintéticas ilegales.

En adelante, quien tenga un catarro habrá de dirigirse a un médico para que le sea recetado el antigripal de su preferencia. El mismo que, probablemente, solicitaba por teléfono a la droguería más cercana. Tras una investigación del Fondo Nacional de Estupefacientes, el Gobierno constató que la importación de efedrina y pseudoefedrina pasó de 20 a 27 toneladas en un año. Su uso, tradicionalmente emparentado con los antigripales, se relaciona ahora con la fabricación de drogas sintéticas como las anfetaminas, metanfetaminas y el éxtasis.

En esto no somos pioneros. México tomó la decisión de prohibir la importación de efedrina y pseudoefedrina. Lo propio hicieron Guatemala y Honduras. Tras decomisar varios cargamentos de efedrina, incluido uno de 1.100 kilos, Chile determinó que controlará su ingreso en alianza con los laboratorios que requieren de su uso. Argentina y Estados Unidos, que aún hacen uso de esas sustancias, también introdujeron severas restricciones. Si se sigue la lógica global del negocio y las pautas prohibicionistas por todos compartidas, es de esperarse que los países que aún no se deciden a declararles la guerra a las drogas sintéticas opten prontamente por ajustar sus legislaciones. El tráfico de cocaína, heroína y marihuana, aunque continuo, ya no es la única preocupación de las autoridades.

Nadie niega los riesgos asociados al consumo desenfrenado de drogas sintéticas. Es una constante, más allá del continente americano, que cada día son más los consumidores que hacen uso de estas drogas al tiempo que persisten en el consumo de las anteriores, o simplemente las relegan para luego retomarlas. Según el Estudio Nacional de Consumo de Drogas divulgado por el Ministerio del Interior y de Justicia, el 20 por ciento de la población colombiana estima que le sería fácil conseguir éxtasis, y el 1,7 por ciento declaró que le ofrecieron comprarlo o probarlo.

Aunque comparativamente tímidas, las cifras de exposición al éxtasis pueden aumentar. Por su misma esencia sintética, las drogas de laboratorio difícilmente desaparecerán porque les restrinjan a sus productores dos químicos aparentemente imprescindibles. Si es que no existen ya, pronto aparecerán otros ingredientes, quizás más efectivos y potencialmente peligrosos. Fabricar drogas sintéticas, a diferencia de las usuales, es más fácil y rentable. El inmenso mundo de drogas legales está ahí para proveer todo tipo de insumos. Y los que no existen, los que no están disponibles, fácilmente serán reemplazados.

Por lo pronto, no habrá antigripales sin orden médica. Aunque quizás resulte útil en el corto plazo, nadie está en capacidad de afirmar que estamos ante una solución efectiva o definitiva contra las drogas sintéticas. Es más, la lista de elementos que habría que restringir, si de erradicar las drogas se trata, es bastante larga e irracional. La gasolina, sin ir muy lejos, sirve de componente básico para la fabricación de la cocaína. Pronto serán los relajantes musculares, los calmantes, los analgésicos, etc., fuentes de nuevas drogas.

Nadie desea que proliferen las drogas ilegales, el consumo crezca y con él, el número de drogadictos. Pero antes que repetir los mismos esquemas, quizás sea hora de repensar los modelos. Si los jóvenes tienen libre acceso al éxtasis, y es bastante probable que no lo pierdan, es conveniente que se les informe sobre las implicaciones de su consumo.

Por El Espectador

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