En el último mes, el dólar ha perdido casi 7% de su valor con respecto al peso colombiano. En los últimos tres meses, la revaluación llega al 10%. Y desde comienzo del año está ya cercana al 20%. Muchos colombianos se preguntan, confundidos, hacia dónde va el dólar. Y los exportadores nacionales comienzan, como en los años pasados, a pronosticar cierres de empresas y despidos masivos.
La caída del dólar forma parte de una tendencia global, no generalizada pero sí bastante extendida. En los últimos tres meses el dólar ha perdido más valor con respecto al real brasileño que con respecto al peso colombiano. En lo corrido del año, la situación es similar: el dólar ha caído 25% en Brasil y casi 20% en Colombia. En las últimas semanas el dólar ha perdido valor con respecto al euro, al yen, al dólar canadiense y al dólar australiano. Entre los países latinoamericanos, Chile y México, por razones distintas, son dos excepciones notables a la tendencia global, al declive generalizado del dólar. En ambos países el precio del dólar en moneda local se ha mantenido constante en las últimas semanas.
El comportamiento global del dólar es resultado de la superposición de dos tendencias, de dos fuerzas que actúan en la misma dirección. La primera fuerza es coyuntural y tiene que ver con el mayor optimismo sobre el futuro de la economía mundial y el concomitante mayor apetito por riesgo. Los inversionistas ya no están interesados en un refugio seguro y están abandonando el dólar en busca de destinos más rentables. En los últimos meses, las buenas noticias para la economía mundial han sido paradójicamente malas noticias para el dólar. La segunda fuerza es estructural y tiene que ver con la transformación de la economía global, con la pérdida de importancia relativa de la economía de los Estados Unidos y con las previsibles dificultades fiscales de este país; en fin, con una serie de factores que señalan un declive paulatino, gradual pero ineluctable, de la divisa estadounidense. Esta semana se supo que algunos países europeos están en conversaciones con países exportadores de petróleo para reemplazar el dólar por una canasta de monedas en el mercado mundial del crudo.
En Colombia, estas fuerzas se han visto reforzadas por el mayor endeudamiento del Gobierno y por la llegada masiva de capitales que perciben todavía posibilidades de valorización en el país. Así las cosas, el dólar probablemente seguirá cayendo, con algunas fluctuaciones leves, con movimientos impredecibles en el corto plazo, pero la revaluación va a ser sin duda un dolor de cabeza para las autoridades económicas en los meses por venir. La pregunta es, entonces, ¿qué puede hacerse?
La respuesta infortunadamente es difícil. Las intervenciones del Banco de la República en el mercado cambiario, pedidas recientemente por el gremio exportador, han demostrado su inutilidad. Y pueden ser incluso contraproducentes. Los subsidios a los exportadores son una solución fiscalmente problemática y políticamente impopular, más ahora que los subsidios a los empresarios están siendo duramente cuestionados. Los controles a la entrada de capitales pueden ser una salida coyuntural, son usualmente criticados por los analistas financieros pero no deben ser descartados de plano.
En el mediano plazo, el ejemplo chileno es instructivo. Un manejo fiscal impecable se ha traducido en una gran estabilidad cambiaria. Chile ha demostrado que la clave para el manejo de la tasa de cambio está no en el Banco Central sino en el gobierno, en la disciplina fiscal. Infortunadamente el Gobierno colombiano ha sido renuente a aceptar esta lección.
En últimas, el dólar probablemente seguirá cayendo. Y las herramientas para atajar la situación son limitadas. La caída del dólar muestra que la economía colombiana sigue siendo atractiva. Pero señala al mismo tiempo que hay una gran tarea pendiente en el frente fiscal.