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¿Ganó Obama?

AUNQUE SUENE PARADÓJICO, EL debate de la noche del miércoles entre los candidatos presidenciales en Estados Unidos es noticia porque no pasó absolutamente nada. En la medida en que el electorado estadounidense sigue interesado en saber cómo estos dos candidatos proponen salvar la economía y terminar la guerra en Irak, las preguntas y las respuestas fueron básicamente las mismas del debate pasado.

El Espectador

08 de octubre de 2008 - 04:07 p. m.
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La cuestión es que el que no pase nada siempre va a beneficiar a Obama por una razón simple. Actualmente, las encuestas muestran una tendencia clara del electorado a favorecer la candidatura de los demócratas sobre los republicanos y, por eso, le corresponde a McCain tratar de reversar esa tendencia. Los debates televisados son una inmejorable oportunidad para producir cambios en la opinión de los votantes. Sin embargo, McCain se ha tornado predecible y Obama está simplemente jugándole a lo seguro. Como tituló una revista estadounidense, “McCain necesitaba un knock-out y no lo consiguió”. La ausencia de ese knock-out sólo contribuye a mantener la tendencia en las encuestas y, si las cosas siguen como van, el retorno de los demócratas a la Casa Blanca el próximo año será inevitable.

Hay eventos adicionales que han tenido lugar durante las últimas semanas y que muestran un debilitamiento serio de los republicanos en la contienda electoral. McCain anunció que no va a hacer campaña en el estado de Michigan y esta decisión tiene un significado enorme en materia de la agenda económica que tanto interesa a los estadounidenses. Michigan es un estado que simboliza los efectos de la recesión económica y el duro golpe que, no sólo la actual, sino crisis económicas anteriores, han tenido sobre la clase trabajadora. La crisis en la industria del automóvil y la caída de los precios en la finca raíz, dos de las fuentes de ingresos más importantes para este estado, se tradujeron en una de las tasas de desempleo más altas y convirtieron a Michigan en la víctima más sobresaliente de la crisis financiera que azota al país.

La decisión de los republicanos de no hacer campaña en este estado ha sido entendida como un signo de que McCain se ha dado por vencido en su intento de vender un programa económico que contribuya a la recuperación económica del país. Y en un momento como el actual, en el que muchos estadounidenses van a elegir a su próximo presidente pensando en la estabilidad de su propio bolsillo, esta estrategia puede ser altamente contraproducente.  Sin una agenda económica creíble es muy poco probable que McCain logre recuperarse en las encuestas de aquí a noviembre.

Y es que las cosas definitivamente no lucen bien en materia de encuestas. Esta semana, los estados de Carolina del Norte, Missouri, Indiana y Virginia, que usualmente han votado en favor de los republicanos, mostraron a Obama liderando las encuestas aunque por márgenes estrechos. Y Ohio y Florida, que son considerados ‘indecisos,’ también mostraron una ventaja importante de Obama sobre McCain. 

Lo interesante es que Barack Obama adelanta una campaña que desde ningún punto de vista puede ser calificada como excepcional o ejemplar. Al contrario, sus respuestas en el debate del miércoles fueron tremendamente ambiguas. Al igual que en el debate anterior, no fue claro a la hora de definir los sacrificios que exigiría al pueblo americano para reactivar la economía. Tampoco pudo articular contundente y explícitamente su programa en materia de política exterior ni definir cuáles serían las condiciones bajo las cuales Estados Unidos tomaría la decisión de intervenir militarmente, o no hacerlo, en otro país. A ratos propuso una intervención directa en Pakistán mientras su oponente sugería “hablar suave y cargar un gran garrote”.  Obama ha insistido tanto últimamente en la necesidad de “matar” a Osama Bin Landen que cada vez cuesta más trabajo, al menos en materia de política internacional, discernir quién es republicano y quién es demócrata en medio de tanta propuesta confusa.

Si todo sigue igual y no hay sorpresas en el transcurso de las próximas semanas, es probable que la ventaja en las encuestas se traduzca en una victoria relativamente sólida para los demócratas.

Por El Espectador

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