En 1948, un grupo de jóvenes visionarios, liderados por Mario Laserna Pinzón, se embarcaron en lo que, entonces, parecía una utopía: la creación de una universidad privada, no confesional, no alineada políticamente, sin ánimo de lucro y comprometida con la calidad de la educación y el progreso de Colombia. En palabras de Mario Laserna, la Universidad de los Andes debería mantener un compromiso permanente con “la solución de los múltiples problemas de la existencia” y “reconciliar los intereses que se interponen entre el individuo y la comunidad”.
Sesenta años después, los sueños de los fundadores se han hecho realidad. La Universidad de los Andes es hoy en día una universidad de investigación reconocida internacionalmente; es, por ejemplo, la única universidad colombiana incluida por el Times de Londres entre las 500 mejores universidades del mundo. Los Andes tiene hoy quince mil estudiantes, doce mil de pregrado y tres mil de posgrado. Cuenta, además, con más de 500 profesores de planta, 87% de los cuales tienen estudios de maestría o doctorado. Y ofrece más de 30 programas de maestría y quince de doctorado.
La Universidad de los Andes, dijo el presidente Álvaro Uribe Vélez en la celebración del aniversario, es un faro de optimismo. Actualmente existe un millón trescientos mil estudiantes de educación superior en el país. De ellos, un porcentaje apenas superior a 15% estudia en instituciones acreditadas y en la Universidad Nacional. Colombia ha aumentado la cobertura de educación superior. Pero la calidad media sigue siendo incierta, en el mejor de los casos. El aumento de la calidad de nuestras instituciones de educación superior debe ser un propósito nacional, casi una obligación. La Universidad de los Andes constituye, sin duda, un ejemplo, una guía imprescindible para que, en el futuro, las universidades de calidad, comprometidas con la excelencia, no sean la excepción, sino la regla.
Con frecuencia, la Universidad de los Andes ha sido criticada por vivir de espaldas al país, por estar alejada de la realidad colombiana. Al mismo tiempo, ha sido criticada por su papel preponderante en la formación de la dirigencia colombiana. La primera crítica reclama su presencia. La segunda, la resiente. La contradicción de las críticas refleja la ambivalencia de la sociedad sobre la importancia de Los Andes en la vida nacional. Pero, más allá de las críticas, cabe reconocer (y celebrar, al mismo tiempo) el lugar significativo que la Universidad de los Andes ocupa actualmente en la sociedad colombiana.
En la primera ceremonia de grado, hace ya más de cincuenta años, Mario Laserna Pinzón expresó claramente la doble responsabilidad que viene con el reconocimiento y el protagonismo. La universidad, en palabras de su fundador, debe asumir su privilegio con la “desinteresada dignidad del que no solamente conduce y dirige, sino que simultáneamente sirve y se somete al derecho y a la libertad de los más débiles”. Saludamos a la Universidad de los Andes en su aniversario, y confiamos que las palabras de sus fundadores guíen no sólo su futuro, sino también el de la mayoría de nuestras instituciones de educación superior.