Así no hay cómo debatir

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Las palabras importan y los estigmas que confieren pueden generar violencia. Por eso es tan extraño leer a un exministro de Defensa, como Juan Carlos Pinzón, que ha trabajado con la institucionalidad y ha visto de primera mano cómo los colombianos son deslegitimados por acusaciones infundadas, ser tan irresponsable al referirse a la Comisión de la Verdad y a sus miembros. Es momento de elevar el debate, enriquecerlo, y un primer paso es dejar a un lado las frases incendiarias.

A través de su cuenta de Twitter, el exministro fue directo: “La Comisión de la Verdad no es creíble para toda la sociedad. Tiene visión sesgada. Mayoría de los comisionados registran afinidad ideológica o nexos con grupos armados”. Las palabras utilizadas son violentas y tienen connotaciones graves en esta Colombia acostumbrada a la polarización y los conflictos políticos. “Sesgada” y “nexos con grupos armados” hacen eco de quienes han querido “hacer trizas” el Acuerdo de Paz, de quienes utilizan los señalamientos a la contraparte para silenciarlos, de quienes solo saben debatir yéndose a los extremos.

Decir, además sin pruebas, que alguien tiene lazos con los grupos armados ha sido en Colombia una sentencia de muerte. Eso lo sabe cualquier colombiano. Eso lo ha visto cualquier ministro de Defensa.

Es una lástima que el debate nacional vuelva, una y otra vez, a sus peores instintos. Las redes sociales crean incentivos: quien sea más extremista, quien utilice palabras más violentas, más adeptos gana. Pero eso no abre conversaciones. Cuando se busca tildar a toda una institución como la Comisión de la Verdad de “sesgada”, el mensaje que queda es que no podemos confiar en el aparato creado para construir memoria histórica.

Tenemos que cambiar el lenguaje. Ante los justos reclamos de la Comisión de la Verdad, el exministro Pinzón expidió un comunicado extraño y ambivalente. Dice, por ejemplo, que “la palabra ‘nexos’ tenía la intención de referir a nexos ideológicos o políticos”. Más allá de su intención, las palabras comunican lo que se entiende de ellas en el lenguaje común. Las maromas retóricas no son suficientes para saltarse el hecho de que, en Colombia, tener “nexos” con grupos armados es una acusación grave y peligrosa.

El exministro escribe que “hay un segmento grande de colombianos que no se sienten representados por las instituciones que creó el Acuerdo de La Habana. Es, en ese sentido, que mi mensaje es un llamado de atención sobre la necesaria corrección del rumbo”. Puntos como ese merecen toda atención pues abren discusiones válidas que fortalecen la institucionalidad; la crítica no es el problema, sino la manera desacertada, dañina y cuando menos ingenua que escogió Pinzón para plantearla. Repetir la estigmatización banal, típica de Twitter y de un sector de la ultraderecha nacional, cierra más puertas de las que abre.

Invitamos a todos los líderes políticos y de opinión a reflexionar sobre la elección de sus palabras. Empezar cualquier debate descalificando a la contraparte gana puntos en las redes sociales pero le hace mucho daño a Colombia.

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